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Conferencia de Natalia Eres y Pilar Sala sobre Cáncer y nutrición sistémica

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Ya mencioné hace unos días a la oncóloga clínica Natalia Eres, que abandonó su puesto en un Hospital en Barcelona para dirigir la Unidad de Oncología Integrativa en nuestro país. En este vídeo, podéis ver su abordaje de nutrición terapéutica en el tratamiento del cáncer y como empezó a implementarlo en colaboración con la nutricionista Pilar Sala.

Según ella podemos comer para suicidarnos, comer para sobrevivir o comer para generarnos salud. Y no solo nos nutrimos de alimentos, también del aire, y por supuesto de las emociones y acciones.

A su vez, Pilar Sala habla de la importancia del aporte de elementos vivos a nuestra alimentación (frutas y vegetales) de la disminución o eliminación de proteína animal, de la relevancia del PH, de depurar nuestro intestino, hígado, pulmones, así como otras pautas que podemos llevar a cabo.

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Quimioterapia versus Primun non nocere

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Este verano, mientras me tomaba una copa con mi prima pequeña, que este año ha empezado la carrera de medicina, le decía “Yo no creo que la quimioterapia y la radioterapia curen el cáncer. De hecho, creo que mata más que cura. Si yo tuviera cáncer, no me sometería a esos tratamientos ni en broma”

Evidentemente no podía ni sospechar lo que pasaría meses después, ni tampoco mi reacción. Mi madre me dijo “Si lo que tengo es cáncer, yo no me voy a dar quimio” Yo tenía pánico. No dejaba de pensar “¿Cómo no se va a dar quimio? Eso es lo que hace todo el mundo… darse quimio. ¿Y si no se da quimio?”

Finalmente tomó la decisión de recibir quimioterapia.

La primera gran lección que aprendí sobre ello es que uno sólo puede tomar decisiones de tal envergadura cuando las tiene delante. Hablar tanto de los beneficios como de los perjuicios de un tratamiento y de lo que una decidiría a ese respecto tiene poco sentido en la teoría. Las hipótesis y elucubraciones son solo eso: hipótesis y elucubraciones.

Ahora, las dos, no sabemos que tememos más, si la evolución del propio cáncer  o las consecuencias adversas de la quimioterapia. Y ya no es por los efectos a corto plazo de la misma como son los vómitos, las náuseas, el cansancio, los mareos, el malestar general, la caída del pelo, las llagas en la boca, la diarrea o estreñimiento, la bajada de defensas y todas esas cosas sabidas por la mayoría. Afortunadamente estamos paliando todo eso con “remedios naturales”

Los tratamientos alopáticos contra el cáncer producen una altísima morbilidad. El propio tratamiento de quimio y aun más de radioterapia provocan cáncer. Es como decir “pan para hoy, hambre para mañana.” Se sabe que algunos fármacos quimioterapéuticos son tóxicos para el corazón, como por ejemplo el herceptin y la doxorubicina. La mayoría, a su vez provocan neuropatías (daño nervioso) que comienza a manifestarse con un hormigueo en manos y pies (mi madre ha empezado a sufrirlo), pérdida de audición o ruidos en los oídos, aún habiendo pasado años desde el tratamiento. (ver) También fibrosis, linfedema, osteonecrosis, y así podría seguir enumerando una enorme lista. Si la quieres conocer, la tienes en esta publicación del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Ramón y Cajal.

Esto se sabe, pero no todos lo conocen, incluídos algunos médicos de atención primaria, tal y como revela una encuesta del pasado año. Puedes verlo en este artículo.

Me pareció casi idílico que hubiera quimioterapéuticos derivados de las plantas, como el taxol que le chutan a mi madre (derivado del árbol de tejo) o la vincristina, vinblastina y vinorelbina, derivadas de esa planta tan bonita que planté en su jardín el verano pasado, llamada Vinca. Igualmente me quedé estupefacta al descubrir que hay otras derivadas del gas mostaza como la mecloretamina o la ciclofosfamida.

Con esto entenderás mi soberbia al sentenciar que yo no me daría quimioterapia, el pasado verano, y que mi madre, sabiendo esto, también pensara en negarse. ¿Por qué finalmente lo aceptó? Por temor al “¿y si no me la doy y es peor?” también, y esto es una opinión muy personal, por la presión familiar y social, porque si decides no someterte al tratamiento pautado por el hospital te es denegado el seguimiento. No hay quimio, entonces no hay analíticas, ni tacs, ni nada de nada. Para más inri, en la sociedad en la que vivimos la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía son los tres únicos tratamientos aceptados. Si viviéramos en otros países esto sería otro cantar, pero no, vivimos en España, y uno puede parecer un suicida a los ojos de los demás si decide tomar otro camino distinto. Suficiente es encontrarse mal como para enfrentarse en el día a día a la presión de los que uno quiere, o pensar si morirás a causa de una mala decisión. Hay personas que reciben quimioterapia y radioterapia y les va bien… y a otras no. También he encontrado a personas que no han recibido radioterapia y quimioterapia y les ha ido bien… y a otras no.

No se si será en todos los casos, en el nuestro, el diagnóstico iba acompañado de prisa. “Hay que empezar ya” “¿Pero no puedo dejar pasar unas semanas y pensármelo?” -preguntaba mi madre como una niña pidiendo permiso a un profesor. “No me atrevo a posponer el tratamiento de ningún modo. Es MUY peligroso dejar pasar tiempo, hay que empezar ya” – sentenció el médico.

“Mamá: hoy tomas una opción, y mañana puedes tomar otra. Para todas ellas cuentas con todo mi apoyo”

Entre tanto nos valemos de otro tipo de tratamientos, que no causan efectos secundarios, que además palian los de la quimioterapia, y que a la contra de lo que muchos piensan, no son fruto de la charlatanería, sino  de años de esfuerzo e investigación. Tratamientos, que como decía, se aplican de manera extensa en otros países, y de manera minoritaria en nuestro país de la mano de oncólogos que han decidido “salirse” de la medicina hospitalaria para poder ejercer y fomentar esta perspectiva integrativa. Es el caso del oncólogo pediátrico Alberto Martí Bosch o de la oncóloga clínica Natalia Eres, que abandonó su puesto en un Hospital en Barcelona para dirigir la Unidad de Oncología Integrativa en nuestro país, donde como puedes leer en este artículo, la polémica sigue servida.

No quiero terminar esta entrada sin la píldora de esperanza. Viene de la mano de Natalia Eres y otro médico, Gabriel Camacho, que actualmente también practica este tipo de medicina -integrativa- así como la máxima hipocrática del Primum non nocere  (no hacer daño)

El caso es de una persona que padecía (si, en pasado) un glioblastoma, un tumor cerebral inoperable y sin previsiones de una fácil reducción del mismo. Ya sabes, si lo cuelgo es porque rompe el pronóstico. Puedes leerlo aqui.