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Azúcar y harinas blancas: estimulantes del cáncer.

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Recuerdo la primera consulta al oncólogo y mi pregunta “¿Hay alguna dieta especial que pueda seguir  mi madre?” y recuerdo su respuesta tajante “Que coma lo que le plazca, lo importante es que coma y que no pierda peso”

Después tuvo cita en una fundación donde aportan consejos a personas que acaban de diagnosticar cáncer. Le hablaron de las pelucas, de los pañuelos, de los efectos de la quimioterapia, y en referencia a la alimentación le sugirieron “actimel” así como alimentos proteicos y remarcaron la importancia de ingerir “lo que le apeteciera” añadiendo “A muchas personas les apetece comer cosas diferentes a lo habitual. A muchos, por ejemplo, les apetece comer gusanitos, patatas fritas, golosinas. Si tienes deseo de eso, cómelo. Lo importantes es que comas”

Imaginadme agarrando mi cabeza y pegando un grito de indignación. Así es como me siento cada vez que vienen a mi mente esas frases.

Hay innumerables estudios sobre la alimentación y el cáncer. Comer, tiene un matiz distinto a nutrirse y alimentarse.

Ya decía Hipócrates “Que el alimento sea tu medicina, y la medicina tu alimento” 

Si hay una alimentación específica para una persona con diabetes, colesterol alto, un problema cardiaco, hipertensión, y un largo etc. ¿cómo es posible que ante la pregunta de un paciente oncológico sobre su dieta se le diga lo que nos dijeron a nosotras?

Hay estudios que muestran que las células tumorales se alimentan de azúcar. Otto Heinrich Warburg recibió el Premio Nóbel de Fisiología y Medicina en 1931 por descubrir el mecanismo de la respiración de las células. Gran parte de su trabajo de investigación lo dedicó al estudio del metabolismo de los tumores y  las células cancerosas, y, demostró que su metabolismo dependía en gran medida del consumo de glucosa. Publicó dos libros al respecto “El Metabolismo de los tumores” (1931), y “ Nuevos métodos de fisiología celular” (1962)

Una de las pruebas que se realizan para el diagnóstico de Cáncer, la Tomografía por Emisión de Positrones (TEP) mide, sencillamente, las áreas del cuerpo que más glucosa consumen; si se destaca un área en concreto porque consume demasiado azúcar, muy probablemente se deba a la presencia de cáncer.

Tal y como escribe David Servan – Schereiber en su libro AntiCáncer: “Cuando ingerimos azúcar o harinas blancas, es decir, alimentos con alto índice glucémico, los niveles de azúcar en sangre aumentan rápidamente. De inmediato el cuerpo libera la dosis de insulina necesaria para que la glucosa pueda penetrar en las células. Esta secrección de insulina va acompañada de la emisión de otra molécula, llamada IGF (factor de crecimiento similar a la insulina) cuya misión es estimular el crecimiento celular. En resumen, el azúcar nutre los tejidos y hace que crezcan más deprisa. Pero además la insulina y el IGF tienen en común otro efecto: potenciar los factores de inflamación, que estimulan el crecimiento celular y actúan como un abono para los tumores”

“Los investigadores llegaron a la conclusión de que para luchar contra el cáncer hace falta un tipo nuevo de medicamento que reduzca los picos de insulina y de IGF en la sangre”

Entre tanto, ¿No resultaría lógico que se le recomendara al paciente oncológico no ingerir azúcar? ¿No sería saludable que nos recomendaran como preventivo hacer lo mismo?

Desde el mencionado Nobel, hasta nuestros días, las investigaciones no han hecho más que confirmar las consecuencias del exceso de este “dulce veneno” a la par que sigue aumentando y aumentando su consumo, tal y como prosigue Servan – Schereiber:

“El consumo de azúcares refinados se ha disparado. Mientras que nuestros genes se formaron en un entorno en el que cada individuo consumía un máximo de 2kg de miel al año, en 1830 el consumo humano de azúcar creció a 5kg al año y a finales del siglo XX alcanzó la impresionante cantidad de 70 Kg de azúcar al año.”

Mi madre lo ha eliminado de su dieta, yo he disminuido su uso considerablemente. En su lugar utilizamos sirope de ágave, también se puede usar stevia, pero no nos gusta su sabor. Y ojo: Nunca sacarina o cualquier edulcorante derivado del aspartamo -como lo es, por ejemplo, la fenilanina de los refrescos light-

Dejar de consumir azúcar ya supone un cambio importante en nuestra dieta. Muchísimos alimentos contienen azúcar. Si tenéis curiosidad podéis mirar las etiquetas de algunos que tengáis en casa. Algunos botes de guisantes, tomate, setas, judías – incluídos los ecológicos – contienen azúcar.

Mi madre va a hacer la compra con sus gafas de ver para leer cuidadosamente los ingredientes de algunos alimentos. Es muy gracioso observarla escudriñando en los envases. “Ay, niña, léeme esto, que no lo veo ni con gafas” Y ahí acabamos las dos, leyendo cada etiqueta de cada producto sean galletas, pan, guisantes y un largo etc. Es impresionante la cantidad de ellos que contienen azúcar. Afortunadamente hay otros que no, aunque la OCU alertó en 2006 sobre la presencia de azúcar añadido OCULTO en los alimentos de consumo habitual… Nos vamos a volver unas conspiranoícas del azúcar, mi madre y yo.

También hemos eliminado las harinas refinadas. En su lugar tomamos integrales de espelta, de kamut, de trigo sarraceno o de centeno, también de arroz y de avena. Están muy ricas y además tienen múltiples propiedades. Claro, que esto es otro añadido detectivesco sobre las etiquetas de los alimentos. Y durante varias tardes de domingo teníais que verme experimentando con las harinas y el sirope de ágave tratando de elaborar galletas, bizcochos y panes. Los primeros fueron incomestibles, ahora se me van dado mejor…

Existen otros “deliciosos venenos” que ayudan a proliferar las células tumorales, del mismo modo que hay alimentos que nos sirven de aliados en esta revolución -hablaré de ellos en otras entradas. –

En esta, no quiero concluir sin resaltar que los gusanitos, las patatas fritas, y en definitiva la comida chatarra sugerida en aquella fundación de ayuda a pacientes oncológicos, no son sino caldos de cultivo para el cáncer. Y no voy a entrar en la polémica del “actimel”… Los snacks, contienen altas cantidades de edulcorantes, sal, conservantes, saborizantes, y grasas hidrogenadas, es decir, que no tienen, por lo general ningún aporte nutricional y si un exceso de sustancias dañinas.

Si quieres más información sobre “cáncer + azúcar” no tienes más que teclearlo en google. Entre tanto, os dejo dos artículos:

Artículo de Patrick Quillin, Ph.D., R.D., C.N.S., es Director de Nutrición de los “Centros de Tratamiento del Cáncer en América” en Tulsa, Okla, y autor de “Vencer el Cáncer mediante la Nutrición” (Nutrition Times Press, 1998).

Investigación de la Universidad Rey Juan Carlos.

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El camino de David Servan-Schreiber

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En noviembre comencé a revisar la bibliografía que tenía en casa sobre el cáncer, y adquirí nuevos libros. AntiCáncer, una nueva forma de vida, del Dr. David Servan-Schreiber ha sido uno de los más sencillos y  concisos que he encontrado hasta el momento sobre el tema.

 David Servan-Schreiber era psiquiatra y neurólogo así como profesor David Servan - Schreiberclínico de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Pittsburg. Estaba realizando una investigación para su tesis doctoral en neurociencia y para ello montó un laboratorio de imágenes cerebrales funcionales subvencionado por el National Institude of Health. Un día, uno de los voluntarios que debía acudir para el estudio no se presentó, así que David optó por ocupar su lugar para realizar el escáner. De ese modo tan fortuito, uno de sus compañeros y amigo, halló un tumor en el cerebro de Serván – Schreiber. Tenía entonces 31 años.

AntiCáncer, relata su experiencia vital, así como sus indagaciones en literatura  e investigaciones médicas sobre la mejor manera de enfrentarse al cáncer. Cierto es que se sometió a dos operaciones y a quimioteraUna nueva forma de vidapia, sin embargo concede una absoluta importancia a los hábitos alimentarios, las emociones, los factores ambientales y aporta recomendaciones y explicaciones claras sobre como cuidar estos aspectos que parecen involucrados, de modo casi inequívoco, en el desarrollo y remisión del cáncer.

En su libro dedica uno de los primeros capítulos a las temidas estadísticas. El mesiotelioma que él padecía se considera en las susodichas como “incurable” y con una supervivencia media de ocho meses, pero tal y como escribe “…no existe en la Naturaleza ninguna regla fija que se aplique a todo del mismo modo. La variedad es la esencia misma de la Naturaleza. La mediana es una abstracción, una “ley” que la mente humana trata de imponer a la variada profusión de datos individuales” Así, relata casos que rompen las estadísticas, como no puede ser de otro modo, pasando a ser él también uno de ellos. Sobrevivió veinte fructíferos años, en los que, según cuentan, vivió plenamente, se casó, tuvo hijos, se divorció, co-fundó y dirigió  el Centro para Medicina Integrativa del Centro Médico de la Universidad de Pittsburg y dedicó tiempo y esfuerzo en divulgar todos los conocimientos que adquirió en forma de libros, conferencias y talleres.

Tanto si te han diagnosticado cáncer, como si no, te recomiendo encarecidamente Anti-Cáncer, una nueva forma de vida.

Publicó otros dos: Curación emocional: Acabar con el estrés, la ansiedad y la depresión sin fármacos ni psicoanálisis (2004) y Hay muchas maneras de decir adiós (2011)

Estoy profundamente agradecida al autor y al legado que nos dejó. Por ello, hablaré de algunos pasajes de su libro en futuras entradas.