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La terapia Gerson

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Las enfermedades incurables NO existen. Grabemos esto a fuego en nuestra mente. Eso intento yo, que me dan ganas de tirarme al suelo y patalear cuando escucho decir al oncólogo que “lo que tenemos que hacer es tratar de cronificar la enfermedad” Cada una de las palabras contenidas en esa sentencia me rechinan igual que si pasara la uña por una pizarra.

Afortunadamente hay muchos otros médicos que no temen tanto la palabra “curación”. También los hay, que pese a ser tachados de locos o charlatanes, han acompañado a muchos pacientes en su camino hacia la sanación. Los hay, que incluso, han entregado su vida a hacer pública una terapia accesible, positiva y barata.

Hoy quiero escribir sobre alguien así.

Max Gerson

Max Gerson

Max Gerson nació en Wongrowitz (Alemania) el 18 de octubre de 1881. Se licenció y ejerció la medicina. Desde la Universidad sufría migrañas muy fuertes, y a causa de ellas se quedaba postrado en la cama durante días. Pasó años buscando soluciones sin ningún éxito en la medicina convencional, los médicos le decían que “las migrañas eran una patología crónica, y que tenía que aprender a convivir con ello”. Afortunadamente empezó a investigar. Tras múltiples lecturas, en una revista médica italiana encontró un informe de un caso sobre una mujer que había padecido migrañas y que encontró alivio modificando su dieta. No se aportaban detalles, pero para Gerson la idea tenía sentido.

Tras experimentar sobre él mismo dietas en las que ingería durante días un único alimento y comprobar sus efectos, llegó a la conclusión de que lo fundamental era eliminar todos los alimentos procesados y que contuvieran sal refinada, lácteos, grasa y azúcar, así como también todo tipo de carne. Y los reemplazó por frutas y verduras. Consiguió no volver a tener migrañas.

Tras su éxito personal, empezó a recomendar dicha dieta a pacientes que padecían el mismo mal. Uno de ellos, le relató que además de dejar atrás sus dolores de cabeza y  náuseas, se había curado completamente de lupus vulgaris. Otros pacientes aquejados de este diagnóstico siguieron la dieta y se curaron. Animado por el profesor Ferdinand Sauerbruch, realizó un estudio en el que, 460 personas con tuberculosis siguieron su terapia: 456 de ellas se sanaron completamente.

En 1928, diez años después de abrir su propia consulta en Bielefeld, el doctor Gerson trató a tres enfermos desahuciados que padecían cáncer. Los tres se recuperaron.

En 1933, escapando de su captura y encarcelamiento en un campo de concentración nazi (era judío), se desplazó con su familia a Viena (Austria), donde acabó de redactar su libro sobre la tuberculosis. En 1938 pudo emigrar con su familia a la ciudad de Nueva York, y abrió una consulta médica en Park Avenue. Siguió desarrollando su terapia en pacientes con cáncer. Trató a cientos de pacientes desahuciados que habían sido sometidos a intervenciones quirúrgicas y a radioterapia (la quimioterapia todavía no se había inventado, pero espera unos párrafos y verás). Tras estos años de estudio e investigación, consiguió una tasa muy alta de curación, incluso en casos muy graves. El congreso de los Estados Unidos aprobó ayudas para sus investigaciones y hubo una audiencia pública en la que participaron todos los medios de comunicación, testificaron varios pacientes curados de cáncer que siguieron la Terapia Gerson, y la radio nacional llegó a anunciar que “La cura del cáncer había sido descubierta”.

Situémonos antes de proseguir: Años cuarenta, Gerson, médico alemán, parece encontrar una cura a diversas enfermedades, incluída el cáncer, a través una dieta estricta de frutas y verduras ecológicas y que prescinde de las técnicas médicas convencionales. Años cuarenta: se inventa la quimioterapia (algo había que hacer con agentes activos de las armas químicas que se habían utilizado en la Segunda Guerra Mundial y decidieron aplicarlo a la medicina, siendo la primera quimio a base de ese agente químico de uso militar, llamado gas mostaza – perdón, me he puesto frívola -) Años cuarenta: Inicio de la Revolución Verde, que aunque este título suena muy bonito consistió en el aumento de la producción agraria gracias a la aplicación de grandes cantidades de agua, fertilizantes, pesticidas y plaguicidas. ¡Viva la química!

Años cuarenta: La industria del tabaco era la principal fuente de ingresos para las asociaciones médicas. La que más pagaba era Philip Morris, por anuncios publicitarios en la revista de la Asociación Médica de Estados Unidos. El editor de esta revista era  Morris Fishbein.

Gerson empezó a dar conferencias contra el tabaquismo. ¡¡Estaba loco!! ¡Cómo se le podía ocurrir decir que el tabaco, ese producto tan bueno publicitado por médicos de la época era malo! ¡Cómo podía mentar que los pesticidas y herbicidas que iban a erradicar el hambre en el mundo eran perniciosos!

Tras la demostración de 1946 ante el comité del Senado de EE.UU, Gerson, como iba diciendo, recibió la atención de medios de comunicación nacionales a favor suyo, pero el Journal of the American Medical Association (JAMA), a cargo del editor Morris Fishbein le criticaron duramente (qué raro…)

En 1946 la cadena ABC difundió que Gerson había encontrado la cura contra el cáncer por primera vez en la historia. El periodista Raymond Gram Swing de radio ABC, que difundió  la noticia fue despedido a las dos semanas (llevaba 30 años trabajando en la emisora).

En los Estados Unidos muy pocas revistas médicas le publicaron algo y su último artículo en dicho país fue en 1949 titulado Efectos de la combinación de un régimen dietario en pacientes con tumores malignos (en Experimental Medicine and Surgery, Nueva York, 7: 299-317, Nov., 1949).

Cinco años después le dan una oportunidad en Alemania donde publica en 1954 No hay Cáncer en un metabolismo normal (en Medizinische Klinik, Munich, No. 5, page 175-179).

Así que, Gerson, como tantos otros a lo largo de los años, pasó de ser un genio a un hereje.  En enero de 1957,  fue entrevistado por radio WOR de Nueva York, y reveló que estaba expuesto a una censura y acoso total por parte de las asociaciones médicas y que estaba recibiendo amenazas.

Cuando estaba terminando de escribir su libro A Cancer Therapy (Una terapia para el cáncer), Gerson cayó inexplicablemente enfermo y se curó con su propio método. Cuando fue a buscar su manuscrito para editar el libro con sus experiencias, había desaparecido, así que se puso manos a la obra y volvió a escribir de nuevo el libro. Tardó un año en hacerlo y al terminarlo, entonces volvió a enfermar inexplicablemente.

Financió la publicación de su propio bolsillo y la obra vió la luz en 1958, con el título A Cancer Therapy- Results of Fifty Cases (Una terapia para el cáncer- Resultados de cincuenta casos), donde detalla todas sus investigaciones, tratamientos, descubrimientos y teorías.

Tras la publicación y pese a aplicar sobre si mismo su terapia, Gerson se encontraba cada vez peor, así que decidió realizarse una analítica poco antes de morir. Su sangre contenía altos niveles de arsénico. Gerson murió envenenado en 1959.

Que se cargaran a Max Gerson me parece espeluznante, al mismo tiempo que predecible… ¡¡uff!!

Su hija Charlotee, continúa su labor (por cierto, tiene 90 años y se la ve taaan vital) Puedes leer su libro: La terapia Gerson: el programa nutricional definitivo para salvar vidas – Editorial Obelisco.

Charlotte Gerson

Charlottee Gerson

¿En qué consiste la terapia?

Se basa en recuperar la capacidad del cuerpo para autosanarse. Para ello efectúa una desintoxicación intensiva del cuerpo por medio de una alimentación ecológica y vegetariana que elimina los desechos, regenera el hígado, reactiva el sistema inmunitario y reestablece tanto las defensas esenciales como los sistemas enzimáticos.

¿Cómo?

– Consumiendo 13 vasos al día de zumos recién hechos de frutas y verduras y bebidos en un plazo máximo de 15 minutos después de su preparación. Los zumos tienen un poder desintoxicante mayor que la fruta y verdura entera y funcionan de manera más rápida y efectiva.

– Realizando tres comidas (vegetarianas) completas: con frutas y verduras ecológicas y cereales integrales. Una comida típica incluye ensalada, verdura hervida o al horno, sopa de verduras y zumo.

– Llevando a cabo una técnica de lavados intestinales conocida también como enemas de café. De acuerdo a sus investigaciones, el café estimula el hígado, abre los canales biliares y desecha las toxinas acumuladas, estimulando además la producción del sistema enzimático.

– No usando sal refinada, aceites o cualquier alimento procesado en la preparación de la comida y tampoco utensilios de aluminio.

– También incluye suplementos (como potasio, vitamina B-12, aceite de lino o linaza, etc)

Curaciones con la Terapia Gerson:

Además de los 50 casos explicados por el propio Max Gerson en el libro que publicó antes de morir, hay varios testimonios en forma de videos, libros y artículos, cito algunos de ellos:

En 1992, en la facultad de Medicina de Fukushima, Japón, el profesor de medicina Yoshihiko Hoshino (médico y doctor en medicina) supo que había desarrollado un cáncer de colon. Durante el transcurso de la intervención quirúrgica para eliminar el tumor, su cirujano oncólogo vio que el cáncer del doctor Hoshino ya se había metastatizado al hígado. Mientras estaba en la unidad de cuidados postoperatorios, el cirujano oncólogo, que era su amigo personal y antiguo compañero de clase, le recomendó que se sometiera a múltiples sesiones de quimioterapia. Hoshino rehusó la quimioterapia  y siguió por su cuenta la terapia Gerson. Años más tarde, Charlotte Gerson recibió esta carta de Hoshino:

Como sabe, padecí un cáncer de colon y cáncer de hígado metastático en 1992 y me recuperé mediante la terapia Gerson. He escrito un libro presentando la terapia Gerson a los usuarios de los servicios médicos de Japón. Mi libro se publicó en agosto de 1998 y es el primero sobre la terapia Gerson escrito en Japón por un médico. Ha supuesto una gran sensación entre los japoneses, ya que gracias al programa Gerson, doce pacientes más afectados por el cáncer se curaron. Mi libro no sólo habla de mi recuperación, sino que también incluye las historias de doce japoneses que ya no están afectados por esta enfermedad.

En 2004, el príncipe de Gales hizo la siguiente declaración en una conferencia para profesionales de la salud: “Yo sé de una paciente que se dirigió a la Terapia Gerson después de que le dijeran que tenía cáncer terminal y que no sobreviviría a la quimioterapia. Felizmente, 7 años más tarde, ella sigue viva y sana. Por lo tanto, es vital, en vez de despreciar estas experiencias, investigar los beneficios de estos tratamientos.”

Michael Gearin-Tosh, profesor de inglés en Oxford, escribió el libro “Living Proof: a medical mutiny” (Prueba viviente: un motín médico) sobre su experiencia con la Terapia Gerson. Gearin – Tosh fue diagnosticado de mieloma – cáncer de la médula ósea-  y los médicos “le dieron” 1 año de vida, tras mirar las estadísticas constató que la quimioterapia funcionaba en tan solo un 4% de los pacientes con el mismo tipo de cáncer que el suyo. Investigó varias terapias alternativas y se trató con la Terapia Gerson. Murió en 2005, 11 años después de su diagnóstico, – No un año – y NO a causa de cáncer, si no de una infección sanguínea según varias fuentes.

Beata Bishop, fue diagnosticada de melanoma en 1981. Le dijeron que era incurable, que moriría. Continúa su vida, trabaja como psicoterapéuta holística y escritora promoviendo la salud y la auto-curación integrativa a través de la nutrición (recuerda, ya lo dije en otro post: nutrirse es alimentarse de lo que comemos, respiramos y sentimos):

“Durante años, la profesión médica ortodoxa ha ignorado totalmente el inmenso potencial de la terapia nutricional. Finalmente han admitido que si comemos el alimento adecuado podemos prevenir una enfermedad grave, pero aún así dicen que si enfermamos, ya no pueden hacer nada. Yo no soy la única que ha sobrevivido con la Terapia Gerson, hay muchos otros como yo.”

Puedes comprar uno de sus libros – en inglés – aquí.

A Alan Furmanski le diagnosticaron un cáncer terminal con 27 años. Durante 750 días siguió la Terapia Gerson a rajatabla. Según relata él mismo, ingería los 13 zumos diarios que pauta esta dieta. Se hacía sus enemas de café y seguía una dieta completamente vegana. Después de dos años alcanzó una remisión completa. Han pasado siete años tras aquel pronóstico de muerte, y continúa libre de cáncer. Alan experimentó su propia revolución y ahora dedica gran parte de su tiempo a promover un estilo de vida sano por medio de publicaciones, conferencias y otros eventos.

Podéis ver una entrevista que le hicieron en un canal de televisión colombiano aqui.  También podéis leer una de las muchas entrevistas que circulan por la red, aqui. Tiene varios libros publicados: “101 alimentos que curan”, “Terapia Gerson: cura del cáncer”, “Jugos que curan” y “Cómo vencí el cáncer”.

Evita Ramparte

Evita Ramparte

Otro caso es el de Evita Ramparte. Le diagnosticaron un cáncer de ovario avanzado. Decidió no someterse a los tratamientos convencionales. Regresó a su casa, cambió radicalmente su vida: su vida alimentaria (optó por la terapia Gerson) su vida sedentaria (comenzó a realizar ejercicio – yoga, tai-chi, etc – ) y su vida familiar y emocional (se divorció y se enfocó en su autocuidado) No solo está libre de cáncer, aparece en este vídeo libre de miedos, luminosa y feliz. Sus ovarios, esos que el cirujano le propuso extirpar para erradicar el cáncer, produjeron tras su sanación un maravilloso óvulo que fue fecundado. En 2009 tuvo a su bebé. El vídeo está en inglés, si no entiendes el idioma no importa, te invito a que te dejes inundar por la felicidad de sus enormes ojos azules. En la red puedes encontrar más información sobre ella, la mayoría en inglés.

Aquí tienes muchos más testimonios esperanzadores.

Yo creo que la Terapia Gerson, como cualquier otra, no es ninguna panacea, aunque puede ser una inmensa ayuda. Si te fijas, en todos los casos, tanto Alan como Evita, tanto Michael como Beata, realizaron cambios vitales muy importantes. Tomaron las riendas de sus vidas, se responsabilizaron de su diagnóstico y tratamiento y decidieron vencer el miedo al pronóstico.

Mi madre combina parte de esta terapia con otros tratamientos. Para cualquiera de ellos creo que es fundamental la supervisión o el acompañamiento de un médico holístico que nos ayude a integrar lo que necesitamos en este proceso.

Para finalizar esta entrada te dejo la película que versa sobre un viaje… y sobre esta terapia, titulada The Beautuful Truth (La hermosa verdad) con subtítulos en castellano. Espero que la disfrutes.

Te dejo también la web – en inglés – del Instituto Gerson.

NOTA: La semana pasada sucedió algo que me provocó mucha alegría: me dieron mis notas de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas. Además de aprobar, saqué buenas notas. Me emocionó el entusiasmo de mi madre al otro lado del teléfono “con el año tan duro que has tenido y has aprobado los exámenes, hija. Estoy tan contenta por tí”. Casi me pongo a llorar en los pasillos de la Escuela. Parece una banalidad, pero sin estos cinco cursos de estudio no hubiera podido escribir esta entrada, en la que mis fuentes han sido casi todas en inglés. Y sin el ánimo de mi madre, tampoco.

Te quiero mamá. Espero que este artículo también te guste.

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Conferencia del Dr. Salvador Gutiérrez Rodríguez de Mondelo

Vídeo

Imprescindible conferencia impartida por el Dr. Salvador Gutiérrez Rodríguez de Mondelo en la Universidad Pablo de Olavides de Sevilla.

En su introducción se habla sobre la industria farmacéutica y la medicina actual. Y atención a estos datos:

  • El 87 % de los medicamentos contra el cáncer pueden causar cáncer.
  • El 50 % de los antibióticos puede causar cáncer.
  • El 60 % de los ansiolíticos y antidepresivos puede causar cáncer…

Y así un largo etc. Esto es la iatrogenia (enfermedad y muerte por medicamentos) que por supuesto conocen las casas farmacéuticas, y los médicos. Por algo la iatrogenia es la primera causa de muerte en EEUU, según cita Gutiérrez Rodríguez de Mondelo.

¿Sabes quien fue nombrado en 1956 presidente de la farmacéutica Bayer? Fritz ter Meer (miembro del partido criminal de guerra, sentenciado en Nuremberg) solo es un nombre, hay más.

También habla del flúor, de los Chemtrails, de las vacunas, de Monsanto, de los ingresos de las industrias farmacéuticas, de los visitadores médicos…

Y después de todo ello explica el biomagnetismo médico con teoría, demostraciones y ejemplos prácticos. Desde mi experiencia y la de mi madre, el biomagnetismo es, cuanto menos, sorprendente. En el vídeo se proyecta otro vídeo en el que aparece otro caso esperanzador de cáncer que rompe estadísticas y pronósticos – de los que a mi me gustan 🙂 –

¡Qué lo disfrutes! Gracias por leer.

¿El tamaño importa? ¿Y un papel?

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La médico internista ya había emitido el posible diagnóstico, a la espera de los resultados de la biopsia. Nos lo contó calmada y serena en la habitación del hospital. Como el dolor de mi madre remitió -de manera espontánea- le dieron el alta quedando a la espera de esos resultados  y de la consulta con el oncólogo. Ese día estábamos contentas por la vuelta a casa, el sol de invierno entraba por la ventana y desde ella veíamos a los gatos jugar frente al hospital. Con el alta nos dieron el informe. Mis ojos iban a saltos de palabra en palabra, sin comprender mucho de lo que ponía. Se detuvieron en “Gran masa pulmonar de 10x8x7 cm” “¿Y estoooo?” – dijo mi madre “¡es enorme!” Nos vinimos abajo. En el trayecto del hospital al casa me costaba respirar y me temblaba todo el cuerpo. Mi madre lloraba. Yo también.

Al llegar a casa le dije “Mamá, es un papel, sólo es un papel y unos números que ni entendemos. La realidad es que desde que nos hemos despertado esta mañana hasta ahora, no ha cambiado nada. Solo es un p-a-p-e-l”

Creo que le damos mucha importancia a lo que pone en algunos papeles. Hemos aprendido a eso desde pequeños. Desde el cole, nos evalúan con un papel: el boletín de notas. “Hijo, has sacado un siete y tú puedes sacar un 10” Como si eso verdaderamente jugara un rol importante en los conocimientos que ese niño ha adquirido. Yo tengo un papel donde pone que puedo ejercer en mi profesión, aunque no es precisamente ese papel lo que me capacita para ello. Y precisamente un papel nos cambió el ánimo aquella tarde.

Encontré un blog sobre una experiencia personal de cáncer -lo he buscado para enlazarlo, sin resultado.- El caso es que aquella mujer, autora del blog, relataba con un admirable sentido del humor el momento en que leyó su informe: ponía que tenía un tumor de 45 cm, si, 45 cm, relataba su angustia en el coche y cómo pensaba que su tumor medía lo que midió uno de sus hijos al nacer. Evidentemente se equivocaron, medía 4,5 cm. No pusieron una coma.

A los tres meses, el mes pasado, realizaron un nuevo tac a mi madre. Mi madre se encuentra MUY bien, físicamente, de ánimo, de vida, de todo. Aún así recuerdo mi corazón palpitante en el autobús de camino a recoger el nuevo informe, el nuevo papel. “¿Será posible que aunque a nivel racional considere que ese papel no marca nuestra vida, me condicione tanto ir a recogerlo?” -Pensé. Pues si, esta vez al leerlo, deprisa también, fue una fiesta de abrazos, saltos y lágrimas de alegría con mi madre, porque nuestros ojos se detuvieron en algo que sí éramos capaces de entender “importante mejoría”

¡Qué fuerza seguía teniendo el papel!

Al leerlo más detalladamente y compararlo con el anterior ví que si en el informe de noviembre ponía que el tumor estaba en el pulmón izquierdo, el de marzo recalcaba una notable disminución de la masa en el pulmón  derecho. El de noviembre decía que la adenopatía más grande del hígado medía 3,2 cm, y el de marzo afirmama una disminución de la adenopatía que medía 9 cm y ahora 3,5. También había algunas otras contrariedades más que se escapaban a mi entendimiento -todo palabras- y se lo hice notar al oncólogo, que tiene santa paciencia conmigo. Miró él mismo el TAC, sentado en su silla y me invitó a verlo a su lado, señalándome cada área. “En el informe hay errores, aunque la mejoría es indudable”

Yo se que la mejoría es indudable, el método diagnóstico que yo tengo son mis ojos, mis oidos, mis manos, que me sirven para percibir a mi madre feliz, luminosa, vital (a veces incluso más que antes del diagnóstico). Aún así he seguido la petición del oncólogo de solicitar un informe corregido, y de paso, he hablado con la radióloga.

“Hubo un fallo en la transcripción izquierdo – derecho” Por alguna razón he recordado ese vídeo de Barrio Sésamo con Coco diciendo esas palabras hasta la saciedad, izquierda – derecha, derecha – izquierda, mientras se movía de un lado a otro.

Respecto a las mediciones, me ha dicho que cada radiólogo puede medir las imágenes de manera diferente y que por tanto, el anterior midió como 3,2 lo que ella  ha medido como 9.

– El tamaño, de todos modos, no importa.

– Ah, ¿no?

– No. El tamaño no importa.

Ya hemos escuchado eso muchas veces: El tamaño no importa, máxime cuando se puede medir diferente dependiedo de quien realice dicha medición… Y lo que ponga en un papel, tampoco importa. Ahora que lo se, sólo me falta aprehenderlo. Hoy hemos pasado más tiempo deleitándonos por teléfono sobre el descubrimiento de mi madre: Un lilo lleno de lilas en el que no se había fijado hasta hoy, que en hablar de mi rato con la radióloga. Es un paso.

Para concluir, quiero decir que hay algo que no deja de llamar mi atención respecto a los informes, y es que en todos los casos leo cosas como “sugerente de metástasis” o “compatible con carcinoma”. Vamos, que no existe afirmación rotunda por ningún lado que diga en esos papeles: “es cáncer”

Mi madre dice sonriente de vez en cuando: “Igual se han equivocado y no tengo cáncer, ¡¡Mira que si no tengo cáncer!!” Y yo le contesto, sonriente también: “¡¡Mira que si no existe el cáncer y es todo un invento!!”

A este hilo y respecto a lo que se escribe en los informes y a los métodos diagnósticos es muy aclaratorio este artículo y este otro, que además me ha llevado – ¡qué regalo! –  a esta preciosa historia.

¡Feliz semana!

El camino de David Servan-Schreiber

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En noviembre comencé a revisar la bibliografía que tenía en casa sobre el cáncer, y adquirí nuevos libros. AntiCáncer, una nueva forma de vida, del Dr. David Servan-Schreiber ha sido uno de los más sencillos y  concisos que he encontrado hasta el momento sobre el tema.

 David Servan-Schreiber era psiquiatra y neurólogo así como profesor David Servan - Schreiberclínico de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Pittsburg. Estaba realizando una investigación para su tesis doctoral en neurociencia y para ello montó un laboratorio de imágenes cerebrales funcionales subvencionado por el National Institude of Health. Un día, uno de los voluntarios que debía acudir para el estudio no se presentó, así que David optó por ocupar su lugar para realizar el escáner. De ese modo tan fortuito, uno de sus compañeros y amigo, halló un tumor en el cerebro de Serván – Schreiber. Tenía entonces 31 años.

AntiCáncer, relata su experiencia vital, así como sus indagaciones en literatura  e investigaciones médicas sobre la mejor manera de enfrentarse al cáncer. Cierto es que se sometió a dos operaciones y a quimioteraUna nueva forma de vidapia, sin embargo concede una absoluta importancia a los hábitos alimentarios, las emociones, los factores ambientales y aporta recomendaciones y explicaciones claras sobre como cuidar estos aspectos que parecen involucrados, de modo casi inequívoco, en el desarrollo y remisión del cáncer.

En su libro dedica uno de los primeros capítulos a las temidas estadísticas. El mesiotelioma que él padecía se considera en las susodichas como “incurable” y con una supervivencia media de ocho meses, pero tal y como escribe “…no existe en la Naturaleza ninguna regla fija que se aplique a todo del mismo modo. La variedad es la esencia misma de la Naturaleza. La mediana es una abstracción, una “ley” que la mente humana trata de imponer a la variada profusión de datos individuales” Así, relata casos que rompen las estadísticas, como no puede ser de otro modo, pasando a ser él también uno de ellos. Sobrevivió veinte fructíferos años, en los que, según cuentan, vivió plenamente, se casó, tuvo hijos, se divorció, co-fundó y dirigió  el Centro para Medicina Integrativa del Centro Médico de la Universidad de Pittsburg y dedicó tiempo y esfuerzo en divulgar todos los conocimientos que adquirió en forma de libros, conferencias y talleres.

Tanto si te han diagnosticado cáncer, como si no, te recomiendo encarecidamente Anti-Cáncer, una nueva forma de vida.

Publicó otros dos: Curación emocional: Acabar con el estrés, la ansiedad y la depresión sin fármacos ni psicoanálisis (2004) y Hay muchas maneras de decir adiós (2011)

Estoy profundamente agradecida al autor y al legado que nos dejó. Por ello, hablaré de algunos pasajes de su libro en futuras entradas.

Quimioterapia versus Primun non nocere

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Este verano, mientras me tomaba una copa con mi prima pequeña, que este año ha empezado la carrera de medicina, le decía “Yo no creo que la quimioterapia y la radioterapia curen el cáncer. De hecho, creo que mata más que cura. Si yo tuviera cáncer, no me sometería a esos tratamientos ni en broma”

Evidentemente no podía ni sospechar lo que pasaría meses después, ni tampoco mi reacción. Mi madre me dijo “Si lo que tengo es cáncer, yo no me voy a dar quimio” Yo tenía pánico. No dejaba de pensar “¿Cómo no se va a dar quimio? Eso es lo que hace todo el mundo… darse quimio. ¿Y si no se da quimio?”

Finalmente tomó la decisión de recibir quimioterapia.

La primera gran lección que aprendí sobre ello es que uno sólo puede tomar decisiones de tal envergadura cuando las tiene delante. Hablar tanto de los beneficios como de los perjuicios de un tratamiento y de lo que una decidiría a ese respecto tiene poco sentido en la teoría. Las hipótesis y elucubraciones son solo eso: hipótesis y elucubraciones.

Ahora, las dos, no sabemos que tememos más, si la evolución del propio cáncer  o las consecuencias adversas de la quimioterapia. Y ya no es por los efectos a corto plazo de la misma como son los vómitos, las náuseas, el cansancio, los mareos, el malestar general, la caída del pelo, las llagas en la boca, la diarrea o estreñimiento, la bajada de defensas y todas esas cosas sabidas por la mayoría. Afortunadamente estamos paliando todo eso con “remedios naturales”

Los tratamientos alopáticos contra el cáncer producen una altísima morbilidad. El propio tratamiento de quimio y aun más de radioterapia provocan cáncer. Es como decir “pan para hoy, hambre para mañana.” Se sabe que algunos fármacos quimioterapéuticos son tóxicos para el corazón, como por ejemplo el herceptin y la doxorubicina. La mayoría, a su vez provocan neuropatías (daño nervioso) que comienza a manifestarse con un hormigueo en manos y pies (mi madre ha empezado a sufrirlo), pérdida de audición o ruidos en los oídos, aún habiendo pasado años desde el tratamiento. (ver) También fibrosis, linfedema, osteonecrosis, y así podría seguir enumerando una enorme lista. Si la quieres conocer, la tienes en esta publicación del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Ramón y Cajal.

Esto se sabe, pero no todos lo conocen, incluídos algunos médicos de atención primaria, tal y como revela una encuesta del pasado año. Puedes verlo en este artículo.

Me pareció casi idílico que hubiera quimioterapéuticos derivados de las plantas, como el taxol que le chutan a mi madre (derivado del árbol de tejo) o la vincristina, vinblastina y vinorelbina, derivadas de esa planta tan bonita que planté en su jardín el verano pasado, llamada Vinca. Igualmente me quedé estupefacta al descubrir que hay otras derivadas del gas mostaza como la mecloretamina o la ciclofosfamida.

Con esto entenderás mi soberbia al sentenciar que yo no me daría quimioterapia, el pasado verano, y que mi madre, sabiendo esto, también pensara en negarse. ¿Por qué finalmente lo aceptó? Por temor al “¿y si no me la doy y es peor?” también, y esto es una opinión muy personal, por la presión familiar y social, porque si decides no someterte al tratamiento pautado por el hospital te es denegado el seguimiento. No hay quimio, entonces no hay analíticas, ni tacs, ni nada de nada. Para más inri, en la sociedad en la que vivimos la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía son los tres únicos tratamientos aceptados. Si viviéramos en otros países esto sería otro cantar, pero no, vivimos en España, y uno puede parecer un suicida a los ojos de los demás si decide tomar otro camino distinto. Suficiente es encontrarse mal como para enfrentarse en el día a día a la presión de los que uno quiere, o pensar si morirás a causa de una mala decisión. Hay personas que reciben quimioterapia y radioterapia y les va bien… y a otras no. También he encontrado a personas que no han recibido radioterapia y quimioterapia y les ha ido bien… y a otras no.

No se si será en todos los casos, en el nuestro, el diagnóstico iba acompañado de prisa. “Hay que empezar ya” “¿Pero no puedo dejar pasar unas semanas y pensármelo?” -preguntaba mi madre como una niña pidiendo permiso a un profesor. “No me atrevo a posponer el tratamiento de ningún modo. Es MUY peligroso dejar pasar tiempo, hay que empezar ya” – sentenció el médico.

“Mamá: hoy tomas una opción, y mañana puedes tomar otra. Para todas ellas cuentas con todo mi apoyo”

Entre tanto nos valemos de otro tipo de tratamientos, que no causan efectos secundarios, que además palian los de la quimioterapia, y que a la contra de lo que muchos piensan, no son fruto de la charlatanería, sino  de años de esfuerzo e investigación. Tratamientos, que como decía, se aplican de manera extensa en otros países, y de manera minoritaria en nuestro país de la mano de oncólogos que han decidido “salirse” de la medicina hospitalaria para poder ejercer y fomentar esta perspectiva integrativa. Es el caso del oncólogo pediátrico Alberto Martí Bosch o de la oncóloga clínica Natalia Eres, que abandonó su puesto en un Hospital en Barcelona para dirigir la Unidad de Oncología Integrativa en nuestro país, donde como puedes leer en este artículo, la polémica sigue servida.

No quiero terminar esta entrada sin la píldora de esperanza. Viene de la mano de Natalia Eres y otro médico, Gabriel Camacho, que actualmente también practica este tipo de medicina -integrativa- así como la máxima hipocrática del Primum non nocere  (no hacer daño)

El caso es de una persona que padecía (si, en pasado) un glioblastoma, un tumor cerebral inoperable y sin previsiones de una fácil reducción del mismo. Ya sabes, si lo cuelgo es porque rompe el pronóstico. Puedes leerlo aqui.

De diagnósticos y pronósticos.

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Cuando nos dijeron que había que efectuar una biopsia para saber la procedencia del cáncer yo pregunté, “¿Pero si el del pulmón es el más grande, será cáncer de pulmón, ¿no?” La médico trató de explicármelo despacio: “El cáncer son células que proliferan de manera anómala, vagan por la sangre y se instalan en un órgano, anidan ahí y crece el tumor. Esas células pueden estar poco diferenciadas o muy diferenciadas. Si están muy diferenciadas podemos saber cuál era la función y por tanto origen de estas células, pero a veces no están diferenciadas, no han llegado a hacer ese proceso, el de diferenciación, y entonces tenemos que decidir cómo tratarlo, pero yo no soy oncóloga, mi labor como médico internista es diagnosticar, seguro que el oncólogo te lo explicará mejor”

Yo me imaginaba a esas células en el cuerpo de mi madre como bárbaros en tropel, gritando con hachas en mano, con barbas muy largas y las caras pintadas, mirando de un sitio a otro buscando un lugar que conquistar y donde quedarse, reproducirse y crecer.

El oncólogo seguro que sabe mucho de oncología, pero que sepamos mucho de algo no nos capacita para transmitir esos conocimientos. Él aguanta estoicamente mis preguntas semanales con la rojez en su cara. Hace poco me dijo: “Estás intentando comprender algo que no vas a poder comprender. Es como si yo, que soy oncólogo intentara comprender el funcionamiento de un avión. Aunque quisiera, nunca podría, porque no soy  ingeniero aeronáutico: Soy oncólogo”

Recordé esa frase en el libro de Murakami que había leído el verano anterior: “Si no eres capaz de entenderlo sin una explicación, no lograrás entenderlo con una explicación”

Será que tengo un enorme espíritu curioso, o que soy cabezota, o meticulosa, como dice mi madre, quizá es que ella me educó en que si me esfuerzo y pongo voluntad en las cosas puedo llegar a entenderlas.

Me he afanado en buscar la respuesta a por qué se produce el cáncer. “No lo sabemos ni nosotros. El cáncer es una enfermedad de causa desconocida” Me dijo también el oncólogo, y su boca parecía hacer mayúsculas en las palabras “causa” y “desconocida”.

Teorías al respecto hay, y me extenderé en algunas de ellas en otras entradas a este blog: El medio ambiente, los factores genéticos, la alimentación, las emociones… Aún con todo, lo cierto es el cáncer no parece hacer muchas diferencias entre sectores poblacionales.

“Mamá, ¿En la monarquía hay cáncer?” –  Si, para llegar al origen, a veces me hago preguntas de niña de 6 años, como mi tía Gloria, que con esa edad le preguntó a mi madre “Oye Gema, ¿las monjas mean?” Entiéndeme: en esos días trataba de escudriñar si existía algún sector de la población intacto, que no hubiera sufrido este diagnóstico, o que no hubiera fallecido por su causa. Y si la enfermedad de gota se extendió en la monarquía por sus hábitos alimentarios, quizá estuvieran libres de cáncer por otras razones. Encontré en google que Alberto II de Bélgica tuvo cáncer de piel… No he podido descartar a reyes, ni políticos, ni médicos, ni sabios (Krishnamurti, por ejemplo, falleció a causa de un cáncer de páncreas)

Si he encontrado que hay poblaciones en que la incidencia parece ser menor, pero los datos están jugados de manera estadística. Y los números y yo no nos llevamos bien, y tampoco nos van a ayudar a comprender nada. Recurrí al INE (Instituto Nacional de Estadística) y sorpresivamente los datos hablan de enfermedad y mortalidad. ¡Yo quiero los de salud y supervivencia, oiga! ¿Será que no los encuentro porque no los he buscado bien?  ¿Dónde están esos datos? ¿No existen?

Extenuada decidí centrarme en casos concretos, las personas siempre se me han dado infinitamente mejor que los números. En base a números, precisamente, los médicos emiten predicciones terroríficas. Me imagino a algunos de ellos con una bola de cristal bajo su mesa sentenciando, cual adivinos o dioses: “Le queda a usted un mes de vida, vaya despidiéndose de los que quiere” Esa anticipación, es el pronóstico, y la bola de cristal es la estadística.

Afortunadamente he encontrado a personas que no cumplen esa predicción. Les dedicaré, con todo mi amor y poco a poco, entradas a este blog. Son personas de carne y hueso. Con algunas de ellas he hablado, otros casos los he escuchado, y otros los he leído, como el de Lisa.

A Lisa Russel los médicos le dijeron que le quedaba poco más de un año de vida. Lisa decidió dedicar todo el tiempo y el dinero que tenía a pasar las mejores vacaciones con las personas a las que más quería: su pareja Anthony, y sus dos hijas, Chloe y Georgia, que entonces tenían 13 y 8 años.

Lisa, que se crió sin su madre, decía en una entrevista: “Yo no quería que la historia se repitiera por lo que me juré crearles tantos recuerdos maravillosos como fuera posible.” Así, viajo junto a ellas y Anthony, con quien se casó tras la noticia, a Lanzarote, Bulgaria y Turquía.  “Era imposible olvidar el cáncer, pero era fantástico ver a las niñas jugar en el mar y  en la playa.” Escribió cartas de despedida a sus seres queridos para que fueran leídas tras su fallecimiento, planeó su funeral, y en definitiva se enfrentó cara a cara con la muerte.

Tras el regreso de su viaje a Turquía ya había vivido más de lo pronosticado. Fue entonces cuando tras realizarle las pruebas pertinentes, los médicos del Hospital Christi de Oldham, descubrieron que su cáncer había remitido. Han pasado 3 años desde entonces. Lisa sigue viva y su cáncer en remisión.

Alberto Martí Bosch y su visión esperanzadora sobre el cáncer.

Vídeo

Una de las primeras dosis de esperanza que encontré vino en forma de conferencia en youtube y en boca del Dr. Alberto Martí Bosch. Tras dedicarse durante muchos años a la oncología pediátrica abandonó la práctica hospitalaria para tratar el cáncer de una manera holística, integrando así los aspectos psicológicos, emocionales y físicos en su abordaje.

En el vídeo plantea pautas claras y fáciles que podemos llevar a cabo -nosotras así lo hacemos desde entonces – y relata una historia conmovedora y repleta de esperanza en la última parte de la conferencia.

Alberto Martí Bosch pasa consulta privada en Madrid y Navarra. En ambas provincias, así como en el resto del territorio español hay muchos médicos que afortunadamente trabajan en la misma línea.