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Un cuento.

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Recuerdo con una enorme claridad cuando yo era pequeña, debía tener unos 4 o 5 años, y estando ya acostada en la cama le pregunté a mi madre:
-Mamá, ¿Tu crees que alguna vez tendré un caballo con alas?
-Si lo deseas mucho, mucho, seguro que sí. – me respondió.

Nunca tendré palabras de agradecimiento suficientes para mi madre, por educarme en la responsabilidad, en la libertad, en la perseverancia y también y sobre todo en la creencia de que, con mucho amor, los sueños se cumplen si uno lo desea mucho, mucho.

Ella me regaló un libro hace unos años del que puede que hayas oído hablar. Se titula “Veintitrés maestros, de corazón. Un salto cuántico en la enseñanza”. Su autor es Carlos González Pérez, al que ella admira mucho, y con razón. Puedes comprar su libro, o descargarlo gratuitamente en su web, y seguir sus talleres y conferencias repletos de sabiduría en la misma.

En su libro, y en uno de sus vídeos relata un cuento maravilloso que aquí te transcribo:

“Érase una vez tres gusanos de seda que ignoraban su futuro como mariposas. Sus nombres eran: Pesimista, Realista e Idealista. Se les acercaba la hora de su transformación y empezaron a sentir los primeros síntomas….

Su voraz apetito fue desapareciendo, su movilidad menguaba a gran velocidad y, finalmente, sintieron como el capullo les aislaba del mundo conocido, de la seguridad de lo cotidiano. En la oscuridad del misterio de su futuro, tuvieron pensamientos distintos:

Pesimista se dijo a sí mismo que estaba viviendo el final de su vida, y en lo más profundo de su sentir, se despidió de los buenos momentos.
Realista se dio ánimos diciéndose que todo aquello sería momentáneo y que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad.
Idealista sintió que, aquello que le estaba ocurriendo, podría ser la oportunidad para que se cumpliese su sueño más preciado: poder volar. Y aprovechó la oscuridad para perfeccionar sus sueños.
Cuando los tres capullos se abrieron, dejaron ver tres realidades iguales y distintas, a la vez…

Pesimista era una bellísima mariposa, pero…. estaba muerta… Había muerto de miedo.

Realista era una hermosísima mariposa, pero…. a pesar de ello, empezó a arrastrarse como cuando era gusano. Con satisfacción, dio las gracias al cielo por haber podido seguir igual.

Idealista, nada más ver la luz del día, buscó sus alas… y al verlas, su corazón rezumó alegría, emprendió el vuelo, y dio las gracias, repartiendo su dicha por todo el bosque.”

 

Gracias mamá, por enseñarme tantas cosas, y por impulsarme desde pequeña a ser una gusanita idealista. Hoy creo que cuando todo este malestar se pase, nuestro corazón rezumará (aun más) alegría y daremos gracias repartiendo nuestra dicha por el bosque.

¡Feliz fin de semana a todo el mundo!

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El mar, la mar…

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Hace tres semanas me rompí. Un estúpido papel me partió en dos. Mi madre aparentaba estar tranquila y serena. “Hija, es sólo un papel, la salud y la enfermedad están en otro lugar, y lo que ponga ahí no importa”

Aún con todo, mi corazón parecía patalear contra mi esternón, me faltaba el aire y se disparó un llanto incontrolable en mi. Mi ovario izquierdo empezó a gritarme desesperado.

Mi médico me mandó homeopatía y playa. Mi madre me dió el empujón y mis amigos me metieron en el coche rumbo a Cabo.

Ha sido milagroso… o sencillamente explicable.

¿Sabías que el agua del mar tiene una composición similar a la que tiene el plasma sanguíneo? Tiene gran cantidad de oligoelementos, yodo, potasio, zinc, etc que nosotros absorbemos mediante ósmosis al bañarnos en ella.

Mi amiga Marisa, que vive a algunos metros de este tesoro siempre me habla de sus múltiples propiedades, de la capacidad para relajar, eliminar toxinas, mejorar la circulación y la relajación, revitalizar, aliviar dolores y penas (por lo visto gracias a su alto contenido en magnesio)

Me cuenta, además, con su acento andaluz, que “el aire que respiramos en la playita está cargado de iones negativos, gracias a las olas, y que por esto es antidepresivo y relajante, y también rebautizante”

Gracias al mar, el viento, la arena, la buena comida y el amor de mis amigos he regresado de nuevo cargada de esperanza y energía para seguir el camino.

El mar, la mar… tiene más, mucho más para regalarnos, ya sea en baños o bebida. Es absolutamente curativa. Y mejor que yo, o incluso mi amiga Marisa, lo explican en este documental titulado LA FUENTE DE LA VIDA que te recomiendo encarecidamente:

Y te recomiendo esta entrada de Josep Pamiés: Recomendaciones para personas con cáncer: El agua de mar revoluciona Nicaragua y desenmascara los intereses farmacéuticos.

Bendita fiebre

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“Dadme fiebre y yo curaré cualquier enfermedad.”

(Hipócrates, 460 a.C)

El oncólogo, al principio se ponía colorado con mis preguntas. Mi madre y yo llegamos a formular una rima con el tono de su piel y su apellido con la que bromeábamos antes de entrar a cada consulta (mi madre, yo, y nuestro sentido del humor…) Con las semanas se acostumbró a mis interrogantes y a nuestra dialéctica en la clínica; me atrevo a decir que hasta disfrutaba con ella. Y yo también. He aprendido mucho de su visión y su postura. El primer día que no le pregunté nada espetó un poco decepcionado “¿Nada más? (…) Hoy ha sido corto…”

Cuando cuestioné la fiebre fue como echar un pulso.

– ¿Por qué se produce?

– Por el propio tumor. La analítica no refleja defensas bajas, ni hay infección…

– ¿No puede ser de la quimio?

– La quimio no produce fiebre.

Como me gusta cuestionar casi todo, he de decir que creo que se coló. No soy médico, así que lo único que pude hacer es descargarme el prospecto del carboplatino y corroborar que la fiebre, aunque raras veces, puede ser un efecto secundario del carboplatino. Aunque se que no es este el caso (sin quimio siguió la fiebre)

– ¿ Y no puede ser del cansancio? Yo cuando estoy cansada me dan unas décimas.

– El cansancio no produce fiebre.

Él seguía empecinado en que la fiebre era fiebre tumoral, yo rasqué un poco más esperando oír lo que quería: “Lo que quiero decir es que la fiebre es un proceso curativo, puede presentarse cuando hay cáncer, igual que cuando hay otra patología, pero esto no quiere decir que sea algo malo, al contrario, la fiebre ayuda a sanar”

Pero no cayó esa breva, evidentemente. Le dijo a mi madre que tomara paracetamol cada ocho horas. Y yo le agradecí mentalmente que no nos cuestionara que no hubiéramos ido a urgencias con 40º.

Me gusta como define la fiebre Eneko Landaburu: ““El fuego purificador”:

El cuerpo intensifica sus mecanismos de limpieza y defensa, entrando en ebullición y elevando la temperatura. (…) Se han visto curaciones de cáncer, a través de una fiebre elevada, por ello uno de los tratamientos que se investiga para la curación del cáncer, es provocar fiebres artificialmente.

Somos animales de sangre caliente. Para que los procesos vitales se desarrollen en nuestro cuerpo, necesitamos mantener ciertos grados de temperatura que pueden oscilar desde los 35’8º por la mañanita (al final del reposo nocturno), hasta los 37’3º al atardecer (después de toda una jornada de actividad). El calor es consecuencia de la actividad corporal. Con la muerte, los procesos vitales se paran y con ellos el calor desaparece. Cuando se hace un gran esfuerzo muscular, la temperatura corporal aumenta y el cuerpo se pone a sudar para refrigerarse. La fiebre es un aumento de la temperatura corporal que está indicando un esfuerzo curativo. La Higiene Vital dice que el organismo está haciendo un esfuerzo de desintoxicación. La Medicina también acepta que la fiebre sea una reacción defensiva contra la invasión microbiana e incluso contra el crecimiento tumoral. El calor tiende a desplazarse de donde hay más temperatura a donde hay menos. Si no hace mucho calor en el ambiente, basta con destaparse un rato y al quedar la piel al aire, el calor excesivo que se produce en el interior del cuerpo, escapa. Cuanta más piel se exponga al aire, más rápido se eliminará el calor. Cuando hay exceso de calor, no interesa abrigarse demasiado, ya que se impide su evacuación. En el proceso curativo, el cuerpo habrá momentos que te pida abrigo y otros refresco. En caso de fiebre, sumergir todo el cuerpo en un baño frío, puede ser peligroso, al producir un cambio de temperatura muy brusco y un gran gasto de energía, para un organismo en apuros. Es suficiente con pasar una toalla mojada por toda la piel para liberar al cuerpo del exceso de calor por un tiempo. Mantener la cabeza mojada con paños hace que el calor no afecte al cerebro, se eviten pesadillas, se pueda estar tranquilo y dormir (que es lo que más interesa al enfermo). Si los pies están fríos se ayuda con calcetines o bolsa de agua caliente.”Cabeza fría y pies calientes”. La horizontal, la oscuridad, el silencio. Y no tomar más que agua, o como mucho jugos de frutas y caldos de verduras. En éstas circunstancias el cuerpo está más por desintoxicar que por digerir, y prefiere alimentarse de sus reservas. Comer, puede alargar y complicar la fiebre. Con estos cuidados no se pretende cortar la fiebre, por ser beneficiosa. La fiebre desaparecerá cuando ya no se necesite porque la curación ha finalizado. Después es normal que haya un efecto rebote y la temperatura corporal sea más baja de lo normal.” (1)

Según el Dr. Toru Abo, inmunólogo de la Universidad de Niigata, Japón, con la fiebre se reactivan muy eficazmente los linfocitos, particularmente  los linfocitos T, esos de los que hablaba David Servan en su libro, esos que parecen ser “asesinos naturales del cáncer”. Dicho inmunólogo afirma  en su libro Temperatura corporal y poder inmunológico, que “en el cáncer, en el reumatismo, en la dermatitis atópica, y  en presencia de cualquier enfermedad, las personas tienen la temperatura corporal baja (hipotermia).”

termómetroSon unos cuantos los autores que parecen mostrarse optimistas con la fiebre y el cáncer e insisten en que las sustancias que elabora nuestro cuerpo para producir fiebre potencian, en gran medida, la actividad de nuestro sistema inmunológico y, en particular, las células que tienen la capacidad de atacar a las cancerosas. Entre estas sustancias que intervienen en la puesta en marcha del proceso febril destacan: diversos tipos de interleukinas, interferón y el “factor de necrosis tumoral” (FNT). La interleukina-1 y el FNT son producidos normalmente por nuestros macrófagos y ejercen una acción tóxica sobre las células tumorales.

 La elevación controlada de la temperatura corporal (fiebre) también está mediada por prostaglandinas. Por tanto, en aras de no estorbar este mecanismo, está plenamente justificada la ingestión de suplementos dietéticos a base de aceite de onagra o de borraja. El ácido gamma-linolénico que aportan es fácilmente utilizado por el organismo para fabricar prostaglandinas (PGs). Muchas de estas PGs desarrollan actividades contrarias a la pervivencia y crecimiento del tumor.

Con el aumento de la temperatura corporal se libera más fácilmente el oxígeno en los tejidos, lo cual supone otro efecto positivo muy interesante. La fiebre es también, sin duda, un buen inmunoestimulante. No sólo inhibe el crecimiento de numerosos gérmenes sino que favorece la actividad de los leucocitos y macrófagos de nuestro sistema defensivo. Al Dr.Wagner-Jauregg se le concedió el Premio Nóbel en 1927 por sus estudios acerca del efecto terapéutico de la fiebre, pero desde entonces la ciencia no ha conseguido elaborar una hipótesis aceptable para todos. (2)

Julius Wagner-Jauregg creó la piroterapia, aunque a mi este nombre me suena a gozar con fuegos artificiales, lo que él hacía era provocar la fiebre con un fin terapéutico.

Es posible que hayas oído hablar de la hipertermia, que se utiliza actualmente para el tratamiento del cáncer y que consiste en aumentar de modo artificial la temperatura de cuerpo con fin curativo. El primer hospital en utilizarlo en España fue el de Puerta de Hierro. (3) Sin embargo, y pese a la utilidad reconocida por el Instituto Nacional del Cáncer, de EE.UU y su utilización extendida tanto allí como en en otros lugares de Europa, o en Cuba -por citar solo algunos ejemplos-  en nuestro país no se promueve en exceso. Raymond Hilu aplica este tratamiento en su clínica de Málaga. Puedes ver una entrevista aquí. Existen muchas otras clínicas privadas que la aplican.

También se utilizan otros métodos para aumentar la temperatura corporal de modo artificial con fin terapéutico, como la hidroterapia.  Según narra Frederic Vinyes los baños hipertérmicos o muy calientes, realizados correctamente, provocan una “fiebre artificial” útil para activar las defensas del organismo en estados inflamatorios crónicos que no acaban de resolverse. (4)


Este tipo de tratamientos datan de la antiguedad. Ya Hipócrates observó que los herreros no caían bajo los efectos de las epidemias, y lo asoció con las altas temperaturas a las que se hallaban expuestos en su trabajo.

La idea de la fiebre como mecanismo de defensa persistió durante la Edad Media.

El médico inglés Thomas Sydenham (1624 – 1689) creía que la fiebre era el “motor” de la naturaleza humana y que servía para combatir al enemigo.

En el siglo XIX y XX, se desempeñó una importante labor en técnicas de hipertermia. Sus impulsores Louis Khune, Vicente Priessnitz, Teodoro Hahn, Sebastian Kneipp, Manuel Lezaeta Acharán,  Carlos Casanova Lenti, entre otros, buscaron en sus tratamientos la elevación de la temperatura corporal a través de hidroterapia, baños de sol y vapor.

En Nueva York, uno de los fundadores de la medicina naturopática, Benedict Lust (1872 – 1945) desarrolló un método con el mismo fin llamado Daweer Brause, que eran duchas calientes de larga duración, pero fue la austríaca María Schlenz, la que innovó una técnica para elevar la temperatura en una bañera y que utilizó por primera vez el concepto de “baños de hipertermia” Fueron los médicos Zabel y  Heisler quienes establecieron las bases científicas de los baños hipertérmicos.
A lo largo de la historia parecen constatarse los efectos positivos de la fiebre y se buscan mecanismos artificiales para provocarla. Y el oncólogo, sin embargo, recomienda paracetamol cada ocho horas. Si llega a 40º otra vez, quizá… y si no: bienvenida seas  fiebre curativa.

Mamá: ¡Qué bien que tenemos paños húmedos para la frente, agua con limón para beber y yo muchos mimos para darte! ¡Y qué bien que en tu casa tienes una bañera que te haga disfrutar del algua caliente!

Fuentes:

Llorar a lágrima viva

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Me he pasado cuatro días desayunando lágrimas, que viene a ser una manera poética de decir, que me ha dado por llorar por las mañanas, pero solo un poco: el resto me las tragaba porque el día requería de mi otras acciones. Hoy me he dado el permiso de sacarlo “pa fuera”. ¡¡Qué berrinche, oiga!! ¡Qué liberación! Lloriqueante, moqueante, y hasta hipante. He aprovechado también para soltar unos cuantos improperios y quejidos. Y me he quedado más a gusto que un arbusto. ¿Por qué se utilizará ese dicho? ¿Qué cualidad autoplacentera tiene esa planta? Bueno, el caso es que me he des-ahogado de lo lindo.

Des – ahogar es un término muy justo. Porque las lágrimas que no se sacan tienen la propiedad de ahogar un poco. Por lo menos a mi.

Decía que me he quedado a gusto, liberada, serena, y con ánimo. A mi madre le dió el berrinche hace un par de semanas. “No puedo parar” me decía. “Llora, mamá, llora, sácalo fuera”

Decía Frizt Perls que el llanto es aliento.

William Frey, del Saint Paul Ramsay Medical Center, en Minessota (EE.UU) afirma en su libro “Crying, the mystery of tears” que  llorar no sólo posibilita el desahogo y la distensión de las emociones, sino que permite a una persona ver con claridad; pues las penas obstruyen el intelecto.  Dijo un sabio que “las lágrimas limpian el alma y purifican el espíritu” y Frey afirma además, que purifican el cuerpo del exceso de sustancias tóxicas provocadas por una experiencia emocional. Cortar cebolla no vale, amigo:  Los fisiólogos han descubierto que el contenido químico de las lágrimas emocionales es distinto al de las lágrimas basales o continuas, cuya función es lubricar los ojos. Al parecer las lágrimas de emoción poseen más proteínas y más hormonas como la encefalina leucina (que modula el dolor) y la prolactina (que está relacionada con el estrés). A hilo de esto, en su libro “El llanto, historia cultural de las lágrimas” Tom Lutz afirma que según algunos científicos, el llanto funcionaría como una micción, y que por ende, la represión del mismo provocaría una acumulación de dichas sustancias, y que las mismas podrían llegar a causar úlceras; ¿será descabellada o exagerada la propuesta de este señor?

¿Por qué me ha dado por llorar estos días? William James se preguntaba ¿Estamos tristes porque lloramos, o lloramos por que estamos tristes?

¿Estaba triste? Pre-menstrual no… ¿Preocupada? ¿Sería el frío?

El caso es que, ¡me ha sentado muy bien! A mi me alivia, me libera y me relaja. A mi madre también, pero al parecer no nos pasa a todos: Los psicólogos Jonathan Rottenberg y Lauren M. Bylsma de la Universidad del Sur de Florida, junto con su colega Ad J.J.M. Vingerhoets de la Universidad de Tilburgo, analizaron los testimonios detallados de más de 3.000 personas que experimentaron episodios recientes de llanto (fuera del laboratorio), y constataron que los efectos beneficiosos de llorar dependen de cuándo, dónde y por qué lo hace cada individuo en particular.

Los autores del estudio comprobaron que la mayoría de las personas que expusieron sus episodios recientes de llanto afirmaba haberse sentido mejor después de llorar. Sin embargo, un tercio de las personas informaba no haberse sentido mejor, y una décima parte aseveraba incluso haber experimentado un empeoramiento de su estado de ánimo después de llorar. Según dichos autores los efectos del llanto dependen de quién derrama las lágrimas. Por ejemplo, las personas con ansiedad o alteraciones del estado de ánimo son las que menos probabilidades tienen de experimentar los efectos positivos del llanto.

Desde el ámbito terapéutico hay una explicación a esto: la diferencia entre llorar y “soltar”, dejarse ir con las lágrimas, fluir con ellas y así dejar marchar el peso que nos oprime versus “engancharnos” a ellas. Soltar un dolor versus engancharnos a un sufrimiento.

Llorar, al igual que reír, son dos privilegios exclusivos del ser humano. Lo que permanece con nosotros a lo largo de toda nuestra evolución tiene un componente protector, y un potente sentido. Como yo hoy agradezco los efectos positivos del llanto, termino con esta Oda de Oliverio Girondo:

Llorar a lágrima viva.

Llorar a lágrima viva.

Llorar a chorros.

Llorar la digestión.

Llorar el sueño.

Llorar ante las puertas y los puertos.

Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,

las compuertas del llanto.

Empaparnos el alma, la camiseta.

Inundar las veredas y los paseos,

y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando.

Festejar los cumpleaños familiares, llorando.

Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…

si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos

no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo, pero llorarlo bien.

Llorarlo con la nariz, con las rodillas.

Llorarlo por el ombligo, por la boca.

Llorar de amor, de hastío, de alegría.

Llorar de frac, de flato, de flacura.

Llorar improvisando, de memoria.

¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Fuentes:

  • Mente y Cerebro. Nº47 /2011. El lenguaje de las lágrimas – Joachim Marschall
  • Why Crying Improves OurWell-being:An Attachment-Theory Perspective on the Functions of Adult Crying – Michelle C.P. Hendriks, Judith K. Nelson, Randolph R. Cornelius and Ad J.J.M. Vingerhoets (2008)
  • Neuromente
  • A media voz
  • Imágen: Anne Marie Zylberman. Encontrada en pinterest

Animales sanadores

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¿Has compartido tu vida con un animal alguna vez? Si lo has hecho entenderás el regocijo que ello supone. Muchos lo saben, y conocen además sus múltiples beneficios.

Mi gata estuvo conmigo 20 años. Cada vez que me ponía “pachucha”  venía a ronronearme muy cerca, y sus mimos parecían aliviarme.

Los antiguos griegos creían que los perros podían curar enfermedades y los guardaban en sus templos de sanación. Asclepio, deidad sanadora, se representaba con forma de serpiente, cabra o perro. Varios eran los dioses con forma de gato en el antigüo Egipto, en el que sus habitantes colocaban estatuas de este animal a la puerta de sus casas para impedir la entrada a los males, esas estatuas actuaban a modo de protección por parte de ese animal que “todo lo ve” – el nombre egipció de gato es Miw, y significa “ver” – Los animales también tienen una condición sagrada dentro de la cultura celta y desde una perspectiva chamánica todos tenemos nuestro “animal de poder”

El animal, como ente sanador, ha estado presente a lo largo de la historia en múltiples ocasiones y culturas.

La primera vez que se tiene constancia de la utilización de animales en terapia fue en Inglaterra en el Retreat de York, fundado en 1792 por la “Society of Friends”. William Tuke, fue pionero en el tratamiento de enfermos mentales sin métodos coercitivos, e intuyó que los animales podían propiciar valores humanos en estos enfermos, aprendiendo autocontrol mediante refuerzo positivo

En 1867, los animales de compañía intervinieron en el tratamiento de epilépticos en Bethel, Bielfield, en Alemania. En la actualidad en esta institución  varios tipos de animales forman parte activa del tratamiento,
y en el que cuidarlos es una parte importante del programa.

En Estados Unidos, la US Army Veterinary Medicine Branch of the Health Services Command ha usado animales para el confort del personal hospitalizado y sus familias desde la Segunda Guerra Mundial. Y en el estado de Nueva York, entre 1944 y 1945, se utilizaron los animales para la rehabilitación de aviadores del Army Air Force Convalescent Center en Pawling, en un programa patrocinado por la Cruz Roja estadounidense.
En 1948, el Dr. Samuel B. Ross fundó en las cercanías de Nueva York el centro Green Chimneys, una granja para la reeducación de niños y jóvenes con trastornos del comportamiento mediante el trabajo con los animales.
En los años 60 El Dr. Levinson, fue pionero al emplear Pet Facilitated Psychotherapy (PFP) con niños con trastornos del comportamiento y problemas de comunicación.
En 1966, Erling Stordahl, músico ciego, fundó el Centro Beitostolen, en Noruega, para la rehabilitación de invidentes y personas con discapacidad física, en donde perros y caballos intervinieron en el programa para animar a los pacientes a hacer ejercicio.
En 1973, Elizabeth Yates trabajó con un perro que ayudaba a los niños en un Hospital Mental en Michigan.
Samuel y Elisabeth Corson, en 1974, realizaron un prohospitalario, obteniendo excelentes resultados.

Erika Friedman, James Lynch y S. Thomas, publicaron en 1980 su estudio “Animales de compañía y supervivencia en pacientes un año después de salir de una unidad de cuidados coronarios” realizado con 92 pacientes.

La lista de tratamiento con zooterapia continúa y es extensa, y posiblemente siga creciendo. Rupert Sheldrake, en su libro “De perros que saben que sus amos están camino de casa”  indica que en la actualidad los programas en los que los animales visitan gente en los hospitales, hospicios y hogares de personas mayores superan los 2.000 solo en los Estados Unidos. Se trata de mascotas que pertenecen en general a voluntarios y a las que se suele llamar PAT (pet as therapy, “mascota como terapia”).

En su libro, Sheldrake, recoge cientos de relatos sobre animales que confortan y curan, la mayoría de ellos referidos a gatos y perros. Además de verificar lo que a mi, por mi propia experiencia me parece incuestionable, y es que los lazos afectivos con un animal de compañía propician la relajación y la alegría, Sheldrake cuenta como observó un efecto favorable en la disminución de la tensión arterial en personas con hipertensión y en la reducción de la necesidad de medicación.

Aunque, tal y como mencionaba, la zooterapia está ampliamente extendida, predeciblemente no he encontrado estudios de animales que ayudaran en otras patologías como el cáncer. Estoy esperando al genio que lo publique.

Jara, la gata de mi madre.

Elizabeth von Muggenthaler, una investigadora en Comunicaciones de la Fauna, postula que los gatos ronronean para curarse a sí mismos. Después de registrar los ronroneos de diferentes felinos encontró que la frecuencia de este sonido cae directamente en un rango que es anabólico para el crecimiento de los huesos: “las frecuencias entre 20 y 140 Hertz son terapéuticas para aliviar el dolor, reducir la inflamación, ayudar al crecimiento de músculos y huesos, la reparación de tendones, la movilidad de las articulaciones y ayudar a la disnea”. Dice Muggenthaler que estas vibraciones u ondas podrían generar beneficios positivos en los dueños de los gatos. Empecé esta entrada recordando a mi gata corriendo a posicionarse cerca de la parte del cuerpo que me dolía, y también acudía a ronronearme en mi llanto.

Dicen que para confirmar la teoría de Muggenthaler faltan aún estudios. El gato es un misterio inexorable, por mucho que lo estudien en un laboratorio no creo que alcancen a comprender… pero quizá si lo acarician y ronronean con él…

Entre tanto Jara sigue a mi madre por la casa, ronronea y conversa con ella y se miman mutuamente. Jara es la gata de mi madre, y mi madre es la humana de Jara. Llegó a nuestras vidas el 1 de Noviembre, 12 días antes del diagnóstico. Volvíamos del teatro a casa y apareció en la calle de repente, frente a nosotras. Se nos acercó corriendo y maullando y nos siguió a casa. Se cobijó en el porche y mi madre empezó a darle de comer, después de su estancia en el hospital y en Madrid y de su vuelta a casa, la gata seguía esperándo a mi madre en el la puerta. La llevó al veterinario y la dejó entrar en casa.  “¿Cómo está la gordita?” Le preguntaba a mi madre por teléfono. “Yo creo que es una glotona, cada vez está más gorda” ¡Y tan gorda! Nos ha regalado el milagro de la Vida: un parto emocionante y precioso. “¿Qué tal la gorda y los gorditos?” “La gorda, flaquita, y los gorditos para comérselos, ¡No dejo de observarlos y me río mucho con ellos!”

Mi amiga Diana me decía en diciembre “Esa gata se ha empeñado en estar en vuestra vida con un propósito” Ahora se cuánta razón tenía mi amiga. Jara tiene una función mediadora, ella no entiende de pasados y futuros, como cualquier animal, vive el aquí y ahora y mi madre con ella. Creo firmemente que aquel que abra su mente y su corazón a la comunicación con los animales, plantas y en definitiva entes de la Naturaleza, encontrará un tesoro sagrado.

Fuentes:

  • Terapia asistida por animales de compañía. Bienestar para el ser humano. – M.P Zamarra San Joaquín. 2002
  • Todo sobre la psicología del gato. – Joël Dehasse. -Ed. Servet, 2008.
  • Zooterapia. Isabel Salama
  • El ronroneo del gato para la curación.

Nota para los amantes de los animales y medicina integrativa como yo: Los veterinarios holísticos también existen.

El mecanismo del miedo

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Cuando confirmaron “cáncer” mi madre y yo sentimos “miedo”. Ya lo conté en otro post…

 ¿Qué es el miedo?

El miedo es la reacción emocional a la amenaza, es la fuerza que motiva las conductas de defensa, es decir, esas conductas cuya función principal es proteger al organismo de un posible daño. Si un lobo nos enseña sus fauces, sentimos miedo. El miedo nos protege del peligro. ¿Cómo?

Reduciéndose nuestro volumen sanguíneo y temperatura periférica de nuestro cuerpo, por eso nos ponemos pálidos y decimos que nos hemos quedado “helados”

Se dilatan nuestras pupilas con el fin de focalizar nuestra atención en ese peligro potencial. También se incrementa nuestra frecuencia cardíaca, nuestra presión arterial, frecuencia de respiración, tensión muscular y conductancia de la piel con un claro propósito: correr más rápido de lo que correríamos sin esta emoción, es decir, con el fin de protegernos y evitar el ataque del lobo que tenemos delante, y aún más, con el de tener más fortaleza física en caso de enfrentarnos a él.

El miedo hace que movilicemos una gran cantidad de energía, de modo que nuestro organismo pueda ejecutar las conductas necesarias para protegernos.

El miedo activa también nuestra prudencia, hace que evitemos calles posiblemente peligrosas, que activemos nuestra atención antes de cruzar una carretera o que resolvamos situaciones conflictivas que se presentan de manera inminente.

Claro que, si la reacción resulta excesiva, la eficacia disminuye, ya que la relación entre activación y rendimiento, al igual que sucede con el estrés, mantiene forma de “U” invertida (Yerkes y Dodson, 1990) lo que hace que al sobrepasarse el nivel óptimo de activación se produzca un “bloqueo”. Es cuando decimos, “me quedé paralizado de miedo” Este miedo profundo viene acompañado por una actividad fisiológica inusual que implica hiperventilación, temblores, mareos y taquicardias, pensamientos catastróficos y una pérdida de control de la situación, es lo que conocemos comúnmente como un ataque de pánico.

Anatomía del miedo

Estamos diseñados para sentir miedo. Los llamados “miedos primarios básicos” nos han ayudado a llegar hasta aquí. La amígdala cerebral desempeña un papel clave en esta experiencia. En base a investigaciones en referencia a ésta, LeDoux y sus colaboradores elaboraron un mapa del sistema nervioso y el miedo condicionado (Armony et al. 1995; LeDoux, 1995)

amígdala cerebral

Si se sabe que la amígdala tiene una implicación importante en el miedo ¿Qué ocurre si esta se encuentra dañada o es inexistente? ¿Si “nos la cargamos” dejamos de sentir miedo? Pues parece que si…

Tras previos estudios experimentales en los que se descubrió que la lesión bilateral limitada a la amígdala tenía como consecuencia una insensibilidad general a los estímulos generadores de miedo (Aggleton, 1993) se llevó a la prescripcón de la amigdalectomía (destrucción quirúrgica de la amígdala) para el tratamiento psicoquirúrgico de la violencia humana, – aquí cada uno que se eche las manos a la cabeza como quiera –  no reduciéndose dicha violencia en todos los casos y si provocando un embotamiento general de la emoción.

Opiniones personales aparte, se demostró que la amigdalectomía provocaba diferentes efectos relacionados con la emoción, como la capacidad de reconocer las expresiones faciales humanas de miedo o en el condicionamiento del miedo. Al pequeño Albert, o a su madre, porque cuando él conoció a Watson solo tenía unos meses, seguro que le hubiera gustado saberlo.

Humor negro, sobre experimentos atroces a un lado; un aporte interesante fue el de Justin Feinstein, Antonio Damasio y colaboradores: describieron un caso en la revista Current Biology  sobre una mujer de 44 años que nació con la rara enfermedad de Urbach-Wiethe, la cual provocó la destrucción de su amígdala. S. M. experimenta la soledad o la tristeza, pero, a diferencia de los demás, no siente miedo.

Los investigadores habían comprobado que S.M experimentó los típicos miedos infantiles como el temor a la oscuridad y otros posteriores, todos previos a la edad de 20 años, edad en la que se aceleró la calcificación de su amígdala, y que una vez destruida la convirtió en una mujer sin miedo.

Una noche S.M, que tenía entonces 30 años, regresaba a su casa, situada en un barrio considerado “peligroso.” Un drogadicto que estaba sentado en un banco la gritó; yo hubiera acelerado el paso seguro, ella sin embargo, se acercó a él. El individuo le agarró  del brazo y la obligó a sentarse, colocó un cuchillo sobre su garganta y dijo: “¡Voy a rajarte, zorra!” S.M no sintió miedo. Finalmente, el hombre la dejó marchar y  en los días sucesivos ella no trazó otro camino de ruta, siguió pasando por el mismo lugar sin sentir un atisbo de temor.

Pensando el miedo.

Hasta aquí podría citar el poema de Carlos Bousoño que me encanta y dice así:

Toda emoción

sigue ordenadamente una pauta,

obedece a un dictado

interpreta concienzudamente la vida.

Siempre nos dice algo

sabroso y repentino

sobre la realidad que examina.

Tiene rigor de axioma,

pero no solo es eso,

deduce sin titubear,

no vacila como la claudicante razón,

menesterosa, torpe, indecisa.

 Yo siento que las emociones no se equivocan, y si lo hace la razón. Y el miedo inicial deja a veces paso a la ansiedad, o a la elaboración.

Si me preguntas “¿Qué me asustó tanto a mi?” Te responderé “Que mi madre muriera”

“Mamá, ¿Qué te da miedo?”

“El sufrimiento.”

Hace poco me dijo: “Tenía tanto miedo a sufrir, que no me importaba morirme”

“¿Cuál es tu experiencia con el cáncer para temer el sufrimiento?”  – Y añadí para mi – ”¿Y la mía para temer la muerte?”

Ambas respuestas se hallan ancladas en el pasado y en el futuro. Miedo a que el pasado ajeno (de personas a las que amamos) se repita en el futuro. El lobo enseñando sus fauces no está en el presente, en el aquí y el ahora, es por tanto un miedo baldío e infructuoso, porque es un miedo a algo que no está. Es un miedo enganchado a nuestro imaginario, a un futurible, a un condicional.

Los espíritus y fantasmas no son un peligro objetivo, sin embargo pueden causar pánico. ¿Te has preguntado alguna vez por qué el miedo es el protagonista de muchos programas y películas? El miedo en la razón sigue una estructura narrativa que los guionistas del cine de terror saben tan bien como nuestra mente y sus trampas. El cáncer es nuestro hombre del saco. Y nos fue fácil formularnos una historia con la vivencia de otros, ya no solo la de nuestros familiares, si no también la historia de otros que narran algunas estadísticas, también de personas que hablan de su pérdida en algunos foros.

Asociamos la palabra cáncer a dolor y sufrimiento  de manera automática porque el miedo es un facilitador de recuerdos dolorosos y porque es la historia que nos han contado. Sin embargo, no tiene por qué ser nuestra historia real.

Me ayuda mucho en este aspecto escuchar mi línea de pensamiento, cuando me cazo “catastrofista”, cambio la fantasía y construyo una historia donde mi madre sopla velas de cumpleaños, pinta en canas, se convierte en suegra y en abuela y un sin fin de bellezas más, también me acompaño de esas personas magníficas que me cogen de la mano y me dicen “Va bien, se está curando” Y lo que más, lo que más me sirve de todo cuando me cazo en ese miedo a un peligro que no está delante es mirar el presente, y en él tomar presencia.

Nadie que yo conozca tiene la capacidad de ver de manera clara el futuro. Y sin embargo, todas las personas que conozco, entre las que mi incluyo, y también las que no conozco, compartimos una capacidad común: Somos creadores de futuro. Y lo hacemos desde el presente.

Mi madre dice a menudo una frase que le transmitió una amiga: “Cada día tiene su afán”

Afrontemos pues el presente, con afán.

Gracias por leerme.

Fuentes:

  • Psicología General – Motivación y Emoción. Enrique G. Fernández – Abascal. Editorial Centro de Estudios Ramón Areces. 2000.
  • Biopsicología. – John P. J. Pinel University of British Columbia. Ed. Pretice Hall, 2001
  • Imagen de Asociación Educar.

¿El tamaño importa? ¿Y un papel?

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La médico internista ya había emitido el posible diagnóstico, a la espera de los resultados de la biopsia. Nos lo contó calmada y serena en la habitación del hospital. Como el dolor de mi madre remitió -de manera espontánea- le dieron el alta quedando a la espera de esos resultados  y de la consulta con el oncólogo. Ese día estábamos contentas por la vuelta a casa, el sol de invierno entraba por la ventana y desde ella veíamos a los gatos jugar frente al hospital. Con el alta nos dieron el informe. Mis ojos iban a saltos de palabra en palabra, sin comprender mucho de lo que ponía. Se detuvieron en “Gran masa pulmonar de 10x8x7 cm” “¿Y estoooo?” – dijo mi madre “¡es enorme!” Nos vinimos abajo. En el trayecto del hospital al casa me costaba respirar y me temblaba todo el cuerpo. Mi madre lloraba. Yo también.

Al llegar a casa le dije “Mamá, es un papel, sólo es un papel y unos números que ni entendemos. La realidad es que desde que nos hemos despertado esta mañana hasta ahora, no ha cambiado nada. Solo es un p-a-p-e-l”

Creo que le damos mucha importancia a lo que pone en algunos papeles. Hemos aprendido a eso desde pequeños. Desde el cole, nos evalúan con un papel: el boletín de notas. “Hijo, has sacado un siete y tú puedes sacar un 10” Como si eso verdaderamente jugara un rol importante en los conocimientos que ese niño ha adquirido. Yo tengo un papel donde pone que puedo ejercer en mi profesión, aunque no es precisamente ese papel lo que me capacita para ello. Y precisamente un papel nos cambió el ánimo aquella tarde.

Encontré un blog sobre una experiencia personal de cáncer -lo he buscado para enlazarlo, sin resultado.- El caso es que aquella mujer, autora del blog, relataba con un admirable sentido del humor el momento en que leyó su informe: ponía que tenía un tumor de 45 cm, si, 45 cm, relataba su angustia en el coche y cómo pensaba que su tumor medía lo que midió uno de sus hijos al nacer. Evidentemente se equivocaron, medía 4,5 cm. No pusieron una coma.

A los tres meses, el mes pasado, realizaron un nuevo tac a mi madre. Mi madre se encuentra MUY bien, físicamente, de ánimo, de vida, de todo. Aún así recuerdo mi corazón palpitante en el autobús de camino a recoger el nuevo informe, el nuevo papel. “¿Será posible que aunque a nivel racional considere que ese papel no marca nuestra vida, me condicione tanto ir a recogerlo?” -Pensé. Pues si, esta vez al leerlo, deprisa también, fue una fiesta de abrazos, saltos y lágrimas de alegría con mi madre, porque nuestros ojos se detuvieron en algo que sí éramos capaces de entender “importante mejoría”

¡Qué fuerza seguía teniendo el papel!

Al leerlo más detalladamente y compararlo con el anterior ví que si en el informe de noviembre ponía que el tumor estaba en el pulmón izquierdo, el de marzo recalcaba una notable disminución de la masa en el pulmón  derecho. El de noviembre decía que la adenopatía más grande del hígado medía 3,2 cm, y el de marzo afirmama una disminución de la adenopatía que medía 9 cm y ahora 3,5. También había algunas otras contrariedades más que se escapaban a mi entendimiento -todo palabras- y se lo hice notar al oncólogo, que tiene santa paciencia conmigo. Miró él mismo el TAC, sentado en su silla y me invitó a verlo a su lado, señalándome cada área. “En el informe hay errores, aunque la mejoría es indudable”

Yo se que la mejoría es indudable, el método diagnóstico que yo tengo son mis ojos, mis oidos, mis manos, que me sirven para percibir a mi madre feliz, luminosa, vital (a veces incluso más que antes del diagnóstico). Aún así he seguido la petición del oncólogo de solicitar un informe corregido, y de paso, he hablado con la radióloga.

“Hubo un fallo en la transcripción izquierdo – derecho” Por alguna razón he recordado ese vídeo de Barrio Sésamo con Coco diciendo esas palabras hasta la saciedad, izquierda – derecha, derecha – izquierda, mientras se movía de un lado a otro.

Respecto a las mediciones, me ha dicho que cada radiólogo puede medir las imágenes de manera diferente y que por tanto, el anterior midió como 3,2 lo que ella  ha medido como 9.

– El tamaño, de todos modos, no importa.

– Ah, ¿no?

– No. El tamaño no importa.

Ya hemos escuchado eso muchas veces: El tamaño no importa, máxime cuando se puede medir diferente dependiedo de quien realice dicha medición… Y lo que ponga en un papel, tampoco importa. Ahora que lo se, sólo me falta aprehenderlo. Hoy hemos pasado más tiempo deleitándonos por teléfono sobre el descubrimiento de mi madre: Un lilo lleno de lilas en el que no se había fijado hasta hoy, que en hablar de mi rato con la radióloga. Es un paso.

Para concluir, quiero decir que hay algo que no deja de llamar mi atención respecto a los informes, y es que en todos los casos leo cosas como “sugerente de metástasis” o “compatible con carcinoma”. Vamos, que no existe afirmación rotunda por ningún lado que diga en esos papeles: “es cáncer”

Mi madre dice sonriente de vez en cuando: “Igual se han equivocado y no tengo cáncer, ¡¡Mira que si no tengo cáncer!!” Y yo le contesto, sonriente también: “¡¡Mira que si no existe el cáncer y es todo un invento!!”

A este hilo y respecto a lo que se escribe en los informes y a los métodos diagnósticos es muy aclaratorio este artículo y este otro, que además me ha llevado – ¡qué regalo! –  a esta preciosa historia.

¡Feliz semana!