Llorar a lágrima viva

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Me he pasado cuatro días desayunando lágrimas, que viene a ser una manera poética de decir, que me ha dado por llorar por las mañanas, pero solo un poco: el resto me las tragaba porque el día requería de mi otras acciones. Hoy me he dado el permiso de sacarlo “pa fuera”. ¡¡Qué berrinche, oiga!! ¡Qué liberación! Lloriqueante, moqueante, y hasta hipante. He aprovechado también para soltar unos cuantos improperios y quejidos. Y me he quedado más a gusto que un arbusto. ¿Por qué se utilizará ese dicho? ¿Qué cualidad autoplacentera tiene esa planta? Bueno, el caso es que me he des-ahogado de lo lindo.

Des – ahogar es un término muy justo. Porque las lágrimas que no se sacan tienen la propiedad de ahogar un poco. Por lo menos a mi.

Decía que me he quedado a gusto, liberada, serena, y con ánimo. A mi madre le dió el berrinche hace un par de semanas. “No puedo parar” me decía. “Llora, mamá, llora, sácalo fuera”

Decía Frizt Perls que el llanto es aliento.

William Frey, del Saint Paul Ramsay Medical Center, en Minessota (EE.UU) afirma en su libro “Crying, the mystery of tears” que  llorar no sólo posibilita el desahogo y la distensión de las emociones, sino que permite a una persona ver con claridad; pues las penas obstruyen el intelecto.  Dijo un sabio que “las lágrimas limpian el alma y purifican el espíritu” y Frey afirma además, que purifican el cuerpo del exceso de sustancias tóxicas provocadas por una experiencia emocional. Cortar cebolla no vale, amigo:  Los fisiólogos han descubierto que el contenido químico de las lágrimas emocionales es distinto al de las lágrimas basales o continuas, cuya función es lubricar los ojos. Al parecer las lágrimas de emoción poseen más proteínas y más hormonas como la encefalina leucina (que modula el dolor) y la prolactina (que está relacionada con el estrés). A hilo de esto, en su libro “El llanto, historia cultural de las lágrimas” Tom Lutz afirma que según algunos científicos, el llanto funcionaría como una micción, y que por ende, la represión del mismo provocaría una acumulación de dichas sustancias, y que las mismas podrían llegar a causar úlceras; ¿será descabellada o exagerada la propuesta de este señor?

¿Por qué me ha dado por llorar estos días? William James se preguntaba ¿Estamos tristes porque lloramos, o lloramos por que estamos tristes?

¿Estaba triste? Pre-menstrual no… ¿Preocupada? ¿Sería el frío?

El caso es que, ¡me ha sentado muy bien! A mi me alivia, me libera y me relaja. A mi madre también, pero al parecer no nos pasa a todos: Los psicólogos Jonathan Rottenberg y Lauren M. Bylsma de la Universidad del Sur de Florida, junto con su colega Ad J.J.M. Vingerhoets de la Universidad de Tilburgo, analizaron los testimonios detallados de más de 3.000 personas que experimentaron episodios recientes de llanto (fuera del laboratorio), y constataron que los efectos beneficiosos de llorar dependen de cuándo, dónde y por qué lo hace cada individuo en particular.

Los autores del estudio comprobaron que la mayoría de las personas que expusieron sus episodios recientes de llanto afirmaba haberse sentido mejor después de llorar. Sin embargo, un tercio de las personas informaba no haberse sentido mejor, y una décima parte aseveraba incluso haber experimentado un empeoramiento de su estado de ánimo después de llorar. Según dichos autores los efectos del llanto dependen de quién derrama las lágrimas. Por ejemplo, las personas con ansiedad o alteraciones del estado de ánimo son las que menos probabilidades tienen de experimentar los efectos positivos del llanto.

Desde el ámbito terapéutico hay una explicación a esto: la diferencia entre llorar y “soltar”, dejarse ir con las lágrimas, fluir con ellas y así dejar marchar el peso que nos oprime versus “engancharnos” a ellas. Soltar un dolor versus engancharnos a un sufrimiento.

Llorar, al igual que reír, son dos privilegios exclusivos del ser humano. Lo que permanece con nosotros a lo largo de toda nuestra evolución tiene un componente protector, y un potente sentido. Como yo hoy agradezco los efectos positivos del llanto, termino con esta Oda de Oliverio Girondo:

Llorar a lágrima viva.

Llorar a lágrima viva.

Llorar a chorros.

Llorar la digestión.

Llorar el sueño.

Llorar ante las puertas y los puertos.

Llorar de amabilidad y de amarillo.

Abrir las canillas,

las compuertas del llanto.

Empaparnos el alma, la camiseta.

Inundar las veredas y los paseos,

y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

Asistir a los cursos de antropología, llorando.

Festejar los cumpleaños familiares, llorando.

Atravesar el África, llorando.

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…

si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos

no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo, pero llorarlo bien.

Llorarlo con la nariz, con las rodillas.

Llorarlo por el ombligo, por la boca.

Llorar de amor, de hastío, de alegría.

Llorar de frac, de flato, de flacura.

Llorar improvisando, de memoria.

¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Fuentes:

  • Mente y Cerebro. Nº47 /2011. El lenguaje de las lágrimas – Joachim Marschall
  • Why Crying Improves OurWell-being:An Attachment-Theory Perspective on the Functions of Adult Crying – Michelle C.P. Hendriks, Judith K. Nelson, Randolph R. Cornelius and Ad J.J.M. Vingerhoets (2008)
  • Neuromente
  • A media voz
  • Imágen: Anne Marie Zylberman. Encontrada en pinterest
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