Animales sanadores

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¿Has compartido tu vida con un animal alguna vez? Si lo has hecho entenderás el regocijo que ello supone. Muchos lo saben, y conocen además sus múltiples beneficios.

Mi gata estuvo conmigo 20 años. Cada vez que me ponía “pachucha”  venía a ronronearme muy cerca, y sus mimos parecían aliviarme.

Los antiguos griegos creían que los perros podían curar enfermedades y los guardaban en sus templos de sanación. Asclepio, deidad sanadora, se representaba con forma de serpiente, cabra o perro. Varios eran los dioses con forma de gato en el antigüo Egipto, en el que sus habitantes colocaban estatuas de este animal a la puerta de sus casas para impedir la entrada a los males, esas estatuas actuaban a modo de protección por parte de ese animal que “todo lo ve” – el nombre egipció de gato es Miw, y significa “ver” – Los animales también tienen una condición sagrada dentro de la cultura celta y desde una perspectiva chamánica todos tenemos nuestro “animal de poder”

El animal, como ente sanador, ha estado presente a lo largo de la historia en múltiples ocasiones y culturas.

La primera vez que se tiene constancia de la utilización de animales en terapia fue en Inglaterra en el Retreat de York, fundado en 1792 por la “Society of Friends”. William Tuke, fue pionero en el tratamiento de enfermos mentales sin métodos coercitivos, e intuyó que los animales podían propiciar valores humanos en estos enfermos, aprendiendo autocontrol mediante refuerzo positivo

En 1867, los animales de compañía intervinieron en el tratamiento de epilépticos en Bethel, Bielfield, en Alemania. En la actualidad en esta institución  varios tipos de animales forman parte activa del tratamiento,
y en el que cuidarlos es una parte importante del programa.

En Estados Unidos, la US Army Veterinary Medicine Branch of the Health Services Command ha usado animales para el confort del personal hospitalizado y sus familias desde la Segunda Guerra Mundial. Y en el estado de Nueva York, entre 1944 y 1945, se utilizaron los animales para la rehabilitación de aviadores del Army Air Force Convalescent Center en Pawling, en un programa patrocinado por la Cruz Roja estadounidense.
En 1948, el Dr. Samuel B. Ross fundó en las cercanías de Nueva York el centro Green Chimneys, una granja para la reeducación de niños y jóvenes con trastornos del comportamiento mediante el trabajo con los animales.
En los años 60 El Dr. Levinson, fue pionero al emplear Pet Facilitated Psychotherapy (PFP) con niños con trastornos del comportamiento y problemas de comunicación.
En 1966, Erling Stordahl, músico ciego, fundó el Centro Beitostolen, en Noruega, para la rehabilitación de invidentes y personas con discapacidad física, en donde perros y caballos intervinieron en el programa para animar a los pacientes a hacer ejercicio.
En 1973, Elizabeth Yates trabajó con un perro que ayudaba a los niños en un Hospital Mental en Michigan.
Samuel y Elisabeth Corson, en 1974, realizaron un prohospitalario, obteniendo excelentes resultados.

Erika Friedman, James Lynch y S. Thomas, publicaron en 1980 su estudio “Animales de compañía y supervivencia en pacientes un año después de salir de una unidad de cuidados coronarios” realizado con 92 pacientes.

La lista de tratamiento con zooterapia continúa y es extensa, y posiblemente siga creciendo. Rupert Sheldrake, en su libro “De perros que saben que sus amos están camino de casa”  indica que en la actualidad los programas en los que los animales visitan gente en los hospitales, hospicios y hogares de personas mayores superan los 2.000 solo en los Estados Unidos. Se trata de mascotas que pertenecen en general a voluntarios y a las que se suele llamar PAT (pet as therapy, “mascota como terapia”).

En su libro, Sheldrake, recoge cientos de relatos sobre animales que confortan y curan, la mayoría de ellos referidos a gatos y perros. Además de verificar lo que a mi, por mi propia experiencia me parece incuestionable, y es que los lazos afectivos con un animal de compañía propician la relajación y la alegría, Sheldrake cuenta como observó un efecto favorable en la disminución de la tensión arterial en personas con hipertensión y en la reducción de la necesidad de medicación.

Aunque, tal y como mencionaba, la zooterapia está ampliamente extendida, predeciblemente no he encontrado estudios de animales que ayudaran en otras patologías como el cáncer. Estoy esperando al genio que lo publique.

Jara, la gata de mi madre.

Elizabeth von Muggenthaler, una investigadora en Comunicaciones de la Fauna, postula que los gatos ronronean para curarse a sí mismos. Después de registrar los ronroneos de diferentes felinos encontró que la frecuencia de este sonido cae directamente en un rango que es anabólico para el crecimiento de los huesos: “las frecuencias entre 20 y 140 Hertz son terapéuticas para aliviar el dolor, reducir la inflamación, ayudar al crecimiento de músculos y huesos, la reparación de tendones, la movilidad de las articulaciones y ayudar a la disnea”. Dice Muggenthaler que estas vibraciones u ondas podrían generar beneficios positivos en los dueños de los gatos. Empecé esta entrada recordando a mi gata corriendo a posicionarse cerca de la parte del cuerpo que me dolía, y también acudía a ronronearme en mi llanto.

Dicen que para confirmar la teoría de Muggenthaler faltan aún estudios. El gato es un misterio inexorable, por mucho que lo estudien en un laboratorio no creo que alcancen a comprender… pero quizá si lo acarician y ronronean con él…

Entre tanto Jara sigue a mi madre por la casa, ronronea y conversa con ella y se miman mutuamente. Jara es la gata de mi madre, y mi madre es la humana de Jara. Llegó a nuestras vidas el 1 de Noviembre, 12 días antes del diagnóstico. Volvíamos del teatro a casa y apareció en la calle de repente, frente a nosotras. Se nos acercó corriendo y maullando y nos siguió a casa. Se cobijó en el porche y mi madre empezó a darle de comer, después de su estancia en el hospital y en Madrid y de su vuelta a casa, la gata seguía esperándo a mi madre en el la puerta. La llevó al veterinario y la dejó entrar en casa.  “¿Cómo está la gordita?” Le preguntaba a mi madre por teléfono. “Yo creo que es una glotona, cada vez está más gorda” ¡Y tan gorda! Nos ha regalado el milagro de la Vida: un parto emocionante y precioso. “¿Qué tal la gorda y los gorditos?” “La gorda, flaquita, y los gorditos para comérselos, ¡No dejo de observarlos y me río mucho con ellos!”

Mi amiga Diana me decía en diciembre “Esa gata se ha empeñado en estar en vuestra vida con un propósito” Ahora se cuánta razón tenía mi amiga. Jara tiene una función mediadora, ella no entiende de pasados y futuros, como cualquier animal, vive el aquí y ahora y mi madre con ella. Creo firmemente que aquel que abra su mente y su corazón a la comunicación con los animales, plantas y en definitiva entes de la Naturaleza, encontrará un tesoro sagrado.

Fuentes:

  • Terapia asistida por animales de compañía. Bienestar para el ser humano. – M.P Zamarra San Joaquín. 2002
  • Todo sobre la psicología del gato. – Joël Dehasse. -Ed. Servet, 2008.
  • Zooterapia. Isabel Salama
  • El ronroneo del gato para la curación.

Nota para los amantes de los animales y medicina integrativa como yo: Los veterinarios holísticos también existen.

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