¿El tamaño importa? ¿Y un papel?

Estándar

La médico internista ya había emitido el posible diagnóstico, a la espera de los resultados de la biopsia. Nos lo contó calmada y serena en la habitación del hospital. Como el dolor de mi madre remitió -de manera espontánea- le dieron el alta quedando a la espera de esos resultados  y de la consulta con el oncólogo. Ese día estábamos contentas por la vuelta a casa, el sol de invierno entraba por la ventana y desde ella veíamos a los gatos jugar frente al hospital. Con el alta nos dieron el informe. Mis ojos iban a saltos de palabra en palabra, sin comprender mucho de lo que ponía. Se detuvieron en “Gran masa pulmonar de 10x8x7 cm” “¿Y estoooo?” – dijo mi madre “¡es enorme!” Nos vinimos abajo. En el trayecto del hospital al casa me costaba respirar y me temblaba todo el cuerpo. Mi madre lloraba. Yo también.

Al llegar a casa le dije “Mamá, es un papel, sólo es un papel y unos números que ni entendemos. La realidad es que desde que nos hemos despertado esta mañana hasta ahora, no ha cambiado nada. Solo es un p-a-p-e-l”

Creo que le damos mucha importancia a lo que pone en algunos papeles. Hemos aprendido a eso desde pequeños. Desde el cole, nos evalúan con un papel: el boletín de notas. “Hijo, has sacado un siete y tú puedes sacar un 10” Como si eso verdaderamente jugara un rol importante en los conocimientos que ese niño ha adquirido. Yo tengo un papel donde pone que puedo ejercer en mi profesión, aunque no es precisamente ese papel lo que me capacita para ello. Y precisamente un papel nos cambió el ánimo aquella tarde.

Encontré un blog sobre una experiencia personal de cáncer -lo he buscado para enlazarlo, sin resultado.- El caso es que aquella mujer, autora del blog, relataba con un admirable sentido del humor el momento en que leyó su informe: ponía que tenía un tumor de 45 cm, si, 45 cm, relataba su angustia en el coche y cómo pensaba que su tumor medía lo que midió uno de sus hijos al nacer. Evidentemente se equivocaron, medía 4,5 cm. No pusieron una coma.

A los tres meses, el mes pasado, realizaron un nuevo tac a mi madre. Mi madre se encuentra MUY bien, físicamente, de ánimo, de vida, de todo. Aún así recuerdo mi corazón palpitante en el autobús de camino a recoger el nuevo informe, el nuevo papel. “¿Será posible que aunque a nivel racional considere que ese papel no marca nuestra vida, me condicione tanto ir a recogerlo?” -Pensé. Pues si, esta vez al leerlo, deprisa también, fue una fiesta de abrazos, saltos y lágrimas de alegría con mi madre, porque nuestros ojos se detuvieron en algo que sí éramos capaces de entender “importante mejoría”

¡Qué fuerza seguía teniendo el papel!

Al leerlo más detalladamente y compararlo con el anterior ví que si en el informe de noviembre ponía que el tumor estaba en el pulmón izquierdo, el de marzo recalcaba una notable disminución de la masa en el pulmón  derecho. El de noviembre decía que la adenopatía más grande del hígado medía 3,2 cm, y el de marzo afirmama una disminución de la adenopatía que medía 9 cm y ahora 3,5. También había algunas otras contrariedades más que se escapaban a mi entendimiento -todo palabras- y se lo hice notar al oncólogo, que tiene santa paciencia conmigo. Miró él mismo el TAC, sentado en su silla y me invitó a verlo a su lado, señalándome cada área. “En el informe hay errores, aunque la mejoría es indudable”

Yo se que la mejoría es indudable, el método diagnóstico que yo tengo son mis ojos, mis oidos, mis manos, que me sirven para percibir a mi madre feliz, luminosa, vital (a veces incluso más que antes del diagnóstico). Aún así he seguido la petición del oncólogo de solicitar un informe corregido, y de paso, he hablado con la radióloga.

“Hubo un fallo en la transcripción izquierdo – derecho” Por alguna razón he recordado ese vídeo de Barrio Sésamo con Coco diciendo esas palabras hasta la saciedad, izquierda – derecha, derecha – izquierda, mientras se movía de un lado a otro.

Respecto a las mediciones, me ha dicho que cada radiólogo puede medir las imágenes de manera diferente y que por tanto, el anterior midió como 3,2 lo que ella  ha medido como 9.

– El tamaño, de todos modos, no importa.

– Ah, ¿no?

– No. El tamaño no importa.

Ya hemos escuchado eso muchas veces: El tamaño no importa, máxime cuando se puede medir diferente dependiedo de quien realice dicha medición… Y lo que ponga en un papel, tampoco importa. Ahora que lo se, sólo me falta aprehenderlo. Hoy hemos pasado más tiempo deleitándonos por teléfono sobre el descubrimiento de mi madre: Un lilo lleno de lilas en el que no se había fijado hasta hoy, que en hablar de mi rato con la radióloga. Es un paso.

Para concluir, quiero decir que hay algo que no deja de llamar mi atención respecto a los informes, y es que en todos los casos leo cosas como “sugerente de metástasis” o “compatible con carcinoma”. Vamos, que no existe afirmación rotunda por ningún lado que diga en esos papeles: “es cáncer”

Mi madre dice sonriente de vez en cuando: “Igual se han equivocado y no tengo cáncer, ¡¡Mira que si no tengo cáncer!!” Y yo le contesto, sonriente también: “¡¡Mira que si no existe el cáncer y es todo un invento!!”

A este hilo y respecto a lo que se escribe en los informes y a los métodos diagnósticos es muy aclaratorio este artículo y este otro, que además me ha llevado – ¡qué regalo! –  a esta preciosa historia.

¡Feliz semana!

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