Las emociones y el cáncer I

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Me licencié en Psicología en 2006. Años antes de empezar el primer curso, a mi tia, la hermana pequeña de mi madre, le diagnosticaron cáncer. Ha sido ahora cuando me he enterado de la gravedad del primer pronóstico. Durante aquellos años, ya me afané en entender los mecanismos de esta patología con la esperanza de encontrar una posible cura para ella. El acceso a información fue más difícil para mi entonces… Han pasado más de diez años.

En los manuales, en los libros, y también en mi vivencia, encontré una enorme correlación entre las emociones y el desarrollo del cáncer. Ahora, más de diez años después, esa relación, es para mi una evidencia.

¿Es el cáncer una enfermedad psicosomática?

A. Meyer (1866) elaboró y propagó la corriente psicobiológica de la psiquiatria, considerando al ser humano como una unidad indivisible. Esta concepción holística implica un sentido de “totalidad” y una inseparabilidad entre lo psíquico y lo somático. Así, el cuerpo y la mente, que están intimamente realacionadas, actúan la una sobre la otra y la enfermedad habría que considerarla siempre como fruto de esta interacción.

La concepción psicógena del término psicosomático, implica un concepto de naturaleza etiológica, según el cual los factores psicológicos juegan un papel esencial en la causación de la enfermedad. La relevancia de las emociones como causa de enfermedad, ya fue sugerida por Hipócrates y Galeno (revisión histórica de Lipowiski, 1984, 1986 y Wolman,1988)

S. Freud, F. Alexander, W.B. Cannon, H. Seyle e I.P. Pavlov, asumieron desde sus teorías, tan distales entre unos y otros, el concepto de psicosomático y los principios esenciales de la medicina psicosomática.

Las primeras referencias que vincularon los factores psicológicos con el cáncer aparecieron en el s. XIX, cuando Snow (1893, citado por Cooper, 1988) observó que en un total de 250 historias clínicas de pacientes con cáncer, que había analizado en el Hospital de Londres, en 156 casos, había precedentes de problemas afectivos, relacionados específicamente con pérdidas, en la aparición del trastorno.

Ya a comienzos del s. XX, en el libro de Evans “sobre un estudio psicológico del cáncer” (1926, citado por Cooper, 1988) se vuelve a señalar que una de las causas principales de esta enfermedad podría ser la pérdida de un motivo de amor o de una relación emocional importante (uno puede tener amor por una persona, un animal, su trabajo, una situación concreta y un largo etc). Desde entonces y hasta la fecha muchísimos autores (Cooper, 1988; Eysenck, 1987; Holland, 1990; LeShan, 1959; Levenson y Bemis, 1991; Levy y Heiden, 1990; Stoll, 1986; Cox y Mackay; 1982, Temoshok yHeller 1984; Hu y Silberfard, 1988; Martinez y Barreto, 1990, solo por mencionar algunos)  han llevado a cabo revisiones teóricas al respecto que han permitido corroborar la implicación de los factores emocionales y/o psicológicos en el cáncer.

Personalidad y cáncer

Encontré investigaciones que abordaban la propensión a desarrollar algunos tipos de cáncer en asociación con diferentes rasgos de personalidad (Contrada, Leventhal y O’Leary, 1990; Green y Shellenberg, 1991; Ibañez, Romero y Andreu, 1992)

Los trabajos de Bacon, Renneker y Cutler , 1952 y de Blumberg, West y Ellis (1954) proponen como características predictivas del cáncer de mama una dificultad emocional para descargar la agresividad, frustración o ira, entre otras características; mientras que en los trabajos de Schmale e Iker, 1964; Bahnson y Bahnson, 1966 y, sobre todo los del grupo de Leshan y col. (Leshan y Worthington, 1955; Leshan, 1959; Leshan 1966), además de volver a poner énfasis en la dificultad de expresión de las emociones negativas, apuntaron la ausencia de elaboración de pérdidas o separaciones de seres queridos y la presencia de sentimientos de desamparo, desesperanza, indefensión  y de depresión (apoyado por Carver et al., 1994)

Grossarth-Matticek, Bastians y Kanazir informaron de un estudio prospectivo realizado en Yugoslavia en 1985, en el que se tomaron medidas de variables psicosociales a 965 hombres y 388 mujeres, que fueron seleccionados por su mayor riesgo de contraer enfermedades debido a su edad o a puntuaciones altas en medidas de indefension crónica o ira. Se evaluó a los participantes en distntas variables psicosociales en 1965 y 1976. Se valoró su estado de salud, con el objetivo de comprobar si éste se podía predecir a través de variables psicosociales. En 1976 habían muerto 166 personas de cáncer, de las cuales 158 puntuaron muy alto (10 y 11 en una escala de 11) en la escala racionalidad/antiemocionalidad. La dimensionalidad racionalidad/antiemocionalidad se refiere a una tendencia a la falta de expresión y negación de emociones y a tratar de responder ante todos los acontecimientos de forma puramente racional.

Temoshok y Dreher crearon en 1992 un constructo, la Personalidad Tipo C, que caracterizaba a la persona propensa al cáncer como tendente a negar o evitar las emociones, a la falta de expresión emocional en especial de emociones negativas (ira, agresividad, hostilidad, cólera, etc), inasertividad, cooperatividad y aceptación de la autoridad externa.

Estrés y cáncer

También hallé estudios sobre la influiencia del estrés y el inicio o curso del cáncer:

En la actualidad, los efectos negativos del estrés en la activación y desarrollo de los procesos cancerígenos resulta, a mi criterio, indiscutible.

Estudios con animales han demostrado que el estrés puede acelerar el comienzo del cáncer de origen viral. Sklar y Anisman (1981) señalaron que mientras un estresor agudo tiene efectos inmunosupresivos y se asocia con el desarrollo del cáncer, el estresor crónico inhibiría características opuestas e induciría a efectos inoculativos.

Las respuestas de estrés incluyen cambios en el sistema autonómico, endocrino e inmunológico. En concreto, la activación del eje hipofisario – corticoadrenal (Eje III) (Labrador, Crespo, Cruzado y Vallejo, 1996) se acompaña de liberación de cortisol y glucocorticoides, así como de opiáceos endógenos que inhiben las respuestas inmunológicas. Así, se ha constatado que los acontecimientos estresantes tales como el desempleo (Arnetz et. al., 1987), pérdidas familiares (Irwin, Daniels, Bloom, Smith y Weiner, 1987), carencia de apoyo social y depresión (Levy et al., 1985) o el propio diagnóstico de cáncer ginecológico (Andersen et al., 1994), producen déficit inmunológico que incluye la disminución de la actividad de las células letales. Contrada et al. (1990) expone un modelo explicativo de la relación entre estrés, personalidad, y respuesta inmunológica del cáncer.

La posible relación entre estrés y cáncer se ha llevado a cabo en humanos, analizando la incidencia de los acontecimientos vitales estresantes ocurridos en pacientes con cáncer en orden a compararlos con aquellas personas que no padecen cáncer. De forma específica, los autores coinciden en apuntar que la categoría de sucesos vitales relativa a pérdidas emocionales, incluyendo la muerte de amigos y familiares y el desempleo, suelen ser las más relevantes para predecir el trastorno en niños y adultos (Chorot y Sandín, 1994; Horne y Picard, 1979; Jacobs y Charles, 1980; Leshan, 1959)

Según estudios de Ramírez et. al (1989) algunos acontecimientos adversos, particularmente el divorcio, y la muerte de un ser querido ocurrido durante el posoperatorio de una intervención quirúrgica de cáncer de mama, provocaron un rebrote del tumor.

¿Y si pusiéramos a un psicólogo a trabajar con un oncólogo?

Esa era la pregunta que me venía a la cabeza sin cesar por aquel entonces, en mis primeros años de carrera, mientras vivía aquella experiencia tan de cerca con mi tía. Existen psico-oncólogos en centros de cuidados paliativos, y de modo externalizado a los hospitales en asociaciones como la AECC.

Si las investigaciones parecían arrojar una luz tan clara respecto a la vinculación de las emociones y el cáncer, no alcanzaba a comprender como no se trabajaba de un modo integral u holístico. Claro, que como ya hablé en otra entrada, tampoco hay una persona que asesore sobre una nutrición correcta al paciente oncológico, ni sobre tantas otras cosas…

Dentro de la clínica empleada por los psicólogos de dichas asociaciones, el trabajo se focaliza en una reducción del estrés y la ansiedad y/o de la depresión que puede sufrir cada paciente. No se cómo funcionan ahora, por aquel estonces, cuando fuí, sentí que estaban desbordados.

Pensé, en aquellos años, que sería muy útil que cada paciente tuviera un espacio en el que trabajar sus emociones, no sólo las provocadas por el diagnóstico, sino aquellas presentes y no expresadas a lo largo de los años anteriores a éste. Si gran parte de los estudios parecen confirmar una relación entre represión de emociones y cáncer, ¿Qué pasa si ayudamos a esas personas a exteriorizarlas? Si previo al diagnóstico les ocurrió un hecho doloroso ¿qué pasaría si trabajaran sobre él? ¿Qué ocurriría si utilizamos las herramientas de la psicoterapia no solo como una ayuda para abordar el diagnóstico si no como un camino para TRATAR la enfermedad? Se lo planteé a un catedrático, de aquellos con los que disfrutaba en sus clases con pasión. “Te quedan unos cuantos años de carrera, cuando la acabes búscame y estúdialo, estaré encantado de dirigirte la Tesis” Acabé la carrera y no hice aquella tesis, quien sabe si quizá algun día me anime, entre tanto, he seguido buscando e investigando en textos y trabajos ajenos, durante años de manera pausada, desde el diagnóstico de mi madre de forma intensa.

Mi madre y yo hablamos mucho ahora sobre cosas que ocurrieron tiempo atrás; otras veces no hablamos, nos quedamos juntas en silencio y nos abrazamos y ella llora, o lloramos las dos, otras ríe, otras expresa lo que antes no expresó. Y aquí está, “sacando pa’ fuera” como dice ella, y razón fundamental por la que el blog se llama así, creando su propia revolución o re – evolución emocional.

Continuaré con este tema, el de las emociones y el cáncer, muy pronto. Gracias por leerme y por compartir algo tan vital para mi. Ojalá a ti también te sirva.

Fuentes:

  • Intervención Psicológica en trastornos de la salud. – Jose María Buceta, Ana María Bueno, Blanca Más (eds. – Dykinson, 2000)
  • Manual de Psicopatología. – Amparo Belloch, Bonifacio Sandín, Francisco Ramos (Ed. McGraw-Hill, 2003)
  • Psicología oncológica – R. Bayés (Ed. Martínez Roca, 1985)
  • Personality, life, stress and cancerous disease.  – C.L Cooper  (En S. Fisher y J. reason (Eds.), 1988)
  • Expresión emocional y personalidad Tipo C. Diferencias entre mujeres con patología mamaria maligna, benigna y normales. –  Julia Sebastian Herranz, Nuria Mateos de la Calle y Mª Jose Bueno Casas.
    Dpto. de Psicología Biológica y de la Salud. Facultad de Psicología Universidad Autónoma de Madrid.
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  1. Se agradece que alguien de psicología investigue, recopile y exponga estos conocimientos científicos. Acabo de conocer tu blog y lo miraré de seguro. La investigación psicológica no es mi fuerte pues soy médico, y por eso seguro que me ayudas mucho aportando aquello a lo que yo no he podido llegar.
    Sin desmerecer nada de lo que haces solo darte un consejo, si me permites auqnue sólo sea por mi diferencia de edad. Todo está resumido en Ryke Geerd Hamer y previamente en Wilhelm Reich, quiero decir todo lo necesario para sumados todos estos conocimientos, llegar a una comprensión integrada del tema de la psicosomática. Te recomiendo leas algo de ello para empezar. Pero con leerlos no es suficiente, luego hay que ver muchos pacientes y entenderlo.
    Las emociones intervienen y mucho, pero mas que en la creación del cáncer en su mantenimiento, en el miedo a cambiar, en la imposibilidad de salir de la obsesión, en el mantenimiento de lo que se llama el conflicto “activo”. Pero este salta de una forma automática, inconsciente y que te ha sido imposible evitar que salte aunque luego se puede desactivar. A cualquiera nos puede ocurrir por más conocimientos (racionales o de crecimiento personal) que tengamos, porque es parte de nuestro “determinismo biológico”. El motivo es biológico (patrones de conducta o mejor dicho de reacción, heredados de los animales, aunque teñidos o maquillados por nuestra racionalidad).
    Sin embargo es imprescindible una terapia emocional también, sin ella puede ser imposible sanar pero no es ni siquiera necesaria en todos los casos: un alto porcentaje de cánceres finalmente se curan sólos porque el paciente ha resuelto instintivamente: porque la vida se lo ha permitido o porque su inteligencia emocional se lo ha permitido.
    Cuando conozcamos todos esto poco a poco se mejorarán las relaciones entre los humanos, podremos comprender mejor la parte heredada del ego de la que no tenemos culpa, conflictuaremos menos, cuando lo hagamos resolveremos antes y creceremos emocionalmente mucho más rápido. Y sólo al final podremos trascender este determinismo material, y para entonces habremos cambiado de conciencia, nos queda un poquito, creo.

    Un saludo. Y espero que sigamos en contacto.

    • ¡Kaban7!

      Encontrar tus comentarios ha sido una enorme alegría, creciente además con la extensión dedicada: ¡Muchas gracias por tu tiempo y tus palabras!
      También es un gozo saber que algunas cosas que escriba te puedan aportar, no te imaginas lo esclarecedores que me resultan a mi algunos post que he leído tuyos.

      Conocí la NMG en noviembre, apenas unos días después del diagnóstico. He leído desde entonces y al respecto todo lo que he encontrado en internet. También escuché todas las conferencias de Moriano (que están en iVoox) al respecto, y estoy deseando empezar un curso que se imparte en Mayo aquí, en Madrid.

      En ese lapso de tiempo desde que hallé los estudios que planteo en esta entrada hasta ahora, encontré también un enfoque, que es el que ha marcado mi camino en muchos sentidos, y que a mi me aporta una perspectiva luminosa sobre el ámbito psicosomático: la Gestalt. Mi intención es que “Las emociones y el cáncer II” verse sobre esta corriente y otras humanistas, y “Las emociones y el cáncer III” sobre Hamer. Quizá para entonces sea capaz de poner en palabras la emoción que supuso para mi encontrar la revolución de este alemán…

      Todo esto que nos ha pasado, a mi madre, y a mi, me ha movido entera, y curiosamente hay algo de mi que siente, que al moverme, me he puesto cerca de un lugar que llevaba tiempo buscando…

      Voy a leer tu otro comentario 🙂

      ¡In Lak’ ech!

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