Quimioterapia versus Primun non nocere

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Este verano, mientras me tomaba una copa con mi prima pequeña, que este año ha empezado la carrera de medicina, le decía “Yo no creo que la quimioterapia y la radioterapia curen el cáncer. De hecho, creo que mata más que cura. Si yo tuviera cáncer, no me sometería a esos tratamientos ni en broma”

Evidentemente no podía ni sospechar lo que pasaría meses después, ni tampoco mi reacción. Mi madre me dijo “Si lo que tengo es cáncer, yo no me voy a dar quimio” Yo tenía pánico. No dejaba de pensar “¿Cómo no se va a dar quimio? Eso es lo que hace todo el mundo… darse quimio. ¿Y si no se da quimio?”

Finalmente tomó la decisión de recibir quimioterapia.

La primera gran lección que aprendí sobre ello es que uno sólo puede tomar decisiones de tal envergadura cuando las tiene delante. Hablar tanto de los beneficios como de los perjuicios de un tratamiento y de lo que una decidiría a ese respecto tiene poco sentido en la teoría. Las hipótesis y elucubraciones son solo eso: hipótesis y elucubraciones.

Ahora, las dos, no sabemos que tememos más, si la evolución del propio cáncer  o las consecuencias adversas de la quimioterapia. Y ya no es por los efectos a corto plazo de la misma como son los vómitos, las náuseas, el cansancio, los mareos, el malestar general, la caída del pelo, las llagas en la boca, la diarrea o estreñimiento, la bajada de defensas y todas esas cosas sabidas por la mayoría. Afortunadamente estamos paliando todo eso con “remedios naturales”

Los tratamientos alopáticos contra el cáncer producen una altísima morbilidad. El propio tratamiento de quimio y aun más de radioterapia provocan cáncer. Es como decir “pan para hoy, hambre para mañana.” Se sabe que algunos fármacos quimioterapéuticos son tóxicos para el corazón, como por ejemplo el herceptin y la doxorubicina. La mayoría, a su vez provocan neuropatías (daño nervioso) que comienza a manifestarse con un hormigueo en manos y pies (mi madre ha empezado a sufrirlo), pérdida de audición o ruidos en los oídos, aún habiendo pasado años desde el tratamiento. (ver) También fibrosis, linfedema, osteonecrosis, y así podría seguir enumerando una enorme lista. Si la quieres conocer, la tienes en esta publicación del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Ramón y Cajal.

Esto se sabe, pero no todos lo conocen, incluídos algunos médicos de atención primaria, tal y como revela una encuesta del pasado año. Puedes verlo en este artículo.

Me pareció casi idílico que hubiera quimioterapéuticos derivados de las plantas, como el taxol que le chutan a mi madre (derivado del árbol de tejo) o la vincristina, vinblastina y vinorelbina, derivadas de esa planta tan bonita que planté en su jardín el verano pasado, llamada Vinca. Igualmente me quedé estupefacta al descubrir que hay otras derivadas del gas mostaza como la mecloretamina o la ciclofosfamida.

Con esto entenderás mi soberbia al sentenciar que yo no me daría quimioterapia, el pasado verano, y que mi madre, sabiendo esto, también pensara en negarse. ¿Por qué finalmente lo aceptó? Por temor al “¿y si no me la doy y es peor?” también, y esto es una opinión muy personal, por la presión familiar y social, porque si decides no someterte al tratamiento pautado por el hospital te es denegado el seguimiento. No hay quimio, entonces no hay analíticas, ni tacs, ni nada de nada. Para más inri, en la sociedad en la que vivimos la quimioterapia, la radioterapia y la cirugía son los tres únicos tratamientos aceptados. Si viviéramos en otros países esto sería otro cantar, pero no, vivimos en España, y uno puede parecer un suicida a los ojos de los demás si decide tomar otro camino distinto. Suficiente es encontrarse mal como para enfrentarse en el día a día a la presión de los que uno quiere, o pensar si morirás a causa de una mala decisión. Hay personas que reciben quimioterapia y radioterapia y les va bien… y a otras no. También he encontrado a personas que no han recibido radioterapia y quimioterapia y les ha ido bien… y a otras no.

No se si será en todos los casos, en el nuestro, el diagnóstico iba acompañado de prisa. “Hay que empezar ya” “¿Pero no puedo dejar pasar unas semanas y pensármelo?” -preguntaba mi madre como una niña pidiendo permiso a un profesor. “No me atrevo a posponer el tratamiento de ningún modo. Es MUY peligroso dejar pasar tiempo, hay que empezar ya” – sentenció el médico.

“Mamá: hoy tomas una opción, y mañana puedes tomar otra. Para todas ellas cuentas con todo mi apoyo”

Entre tanto nos valemos de otro tipo de tratamientos, que no causan efectos secundarios, que además palian los de la quimioterapia, y que a la contra de lo que muchos piensan, no son fruto de la charlatanería, sino  de años de esfuerzo e investigación. Tratamientos, que como decía, se aplican de manera extensa en otros países, y de manera minoritaria en nuestro país de la mano de oncólogos que han decidido “salirse” de la medicina hospitalaria para poder ejercer y fomentar esta perspectiva integrativa. Es el caso del oncólogo pediátrico Alberto Martí Bosch o de la oncóloga clínica Natalia Eres, que abandonó su puesto en un Hospital en Barcelona para dirigir la Unidad de Oncología Integrativa en nuestro país, donde como puedes leer en este artículo, la polémica sigue servida.

No quiero terminar esta entrada sin la píldora de esperanza. Viene de la mano de Natalia Eres y otro médico, Gabriel Camacho, que actualmente también practica este tipo de medicina -integrativa- así como la máxima hipocrática del Primum non nocere  (no hacer daño)

El caso es de una persona que padecía (si, en pasado) un glioblastoma, un tumor cerebral inoperable y sin previsiones de una fácil reducción del mismo. Ya sabes, si lo cuelgo es porque rompe el pronóstico. Puedes leerlo aqui.

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  1. Antes de nada perdón por la extensión pero es un tema que me apasiona, se llama el miedo. Tratas un tema muy interesante y que llevo años investigando: ¿Que es lo que mueve al paciente y al médico a hacer o no hacer ciertas cosas?
    Primero sabemos algo, nuestro conocimiento nos dice que lo deberíamos hacer. No hablo de racionalidad, hablo de corazón e intuición, cosas suprarracionales que los psicólogos no estudis casi.
    Luego aparece el miedo. Además cada uno es responsable de sus actos y nadie le puede decir que haga o no haga cierta cosa. En el fondo te quedas solo ante la decisión.
    Pero aquí entra la familia: una persona puede pensar que debe hacer o no hacer una cosa pero en un momento tán débil, como tras haber recibido el impacto del diagnóstico, precisa apoyo externo. Si su propia familia le hace dudar o si el/ella confía más en su familia, seguramente cambiará de opinión y preferirá que alguien le de la razón. Por eso esto no es cuestión sólo de los pacientes, es cuestión de todos. Tu misma dices “Ahora, las dos, no sabemos que tememos más”, hablas como si tu hubieras tenido el cáncer. En cierta manera tienes razón a ti te afectó incluso más que a ella seguramente y como debes ser una persona muy racional dudaste de lo que te decía tu corazón. Y ¡ojo! que no estoy juzgando, solo estoy exponiendo las conclusiones a las que he llegado después de ver cientos de “familias”. ¡Que iluso! yo queriendo convencer al paciente sin tenerlas en cuenta. Era inútil y por fin lo he entendido. Pero como dice Borja Vilaseca muchas veces los seres más queridos con su mejor intención son los que nos frenan en nuestra evolución.
    Hablas de hipótesis o elucubraciones, en otro post te he dado referencias de cosas que no lo son, cosas “repetibles”, “experimentales”, “contrastables” y “estudiables científicamente” cuando estemos preparados para aceptar que debemos hacerlo.
    No estoy de acuerdo con eso que dices de que si decides no someterte al tratamiento pautado por el hospital te es denegado el seguimiento, esa es nuestra impresión. Lo que pasa es que el médico piensa: “no confía en mí” y como se creen los “responsables” de “tu” vida se cabrean a veces. Pero no conozco a ninguno que denegara finalmente el seguimiento. Lo que pasa es que algunos tienen peor caracter que otros y no saben la importancia que tiene esta decisión para el paciente o la forma de decirles ciertas cosas. Y el paciente ve estas actitudes como rechazo y eso si que es verdad, pero a nadie se le niega que pueda acudir si se encuentra mal y la mayoría los vuelven a citar a revisión. lo que no tienen porque hacernos es las pruebas si no hay clínica o un dato que lo indique, eso de que hay que hacer TACs cada cierto tiempo es falso, vamos que no es científico, si un praciente decide no tratarse solo habrá que hacerle pruebas cuando lo necesite. Y a los que se tratan si les hacen más no te creas que les están haciendo ningún favor: para empezar no está demostrado que esos seguimientos salven vidas y lo que si es evidente es que cada vez que va el paciente a una consulta de esas está en pánico los dos o tres días anteriores.
    Sobre lo que dicen de que “hay que empezar ya la quimio” eso es muy relativo: pocas quimioterapias son “urgentes”. Por otro lado el sistema a veces retrasa el diagnóstico meses (vacaciones, listas de espera, malentendidos, mala adherencia del paciente a las prebas por miedo….) y al final vemos que tampoco se ha perdido tanto tiempo incluso casos en que el tumor no ha evolucionado nada. Y tampoco se culpa a nadie por eso ni debe hacerse.
    Muy de acuerdo en todo, de todas formas y aunque parezca contradictorio, porque son dudas y hechos que todos vemos de forma parecida todo lo que describes. En mi caso y por mi experiencia ya los voy entendiendo mejor: porque está el sistema, están las corporaciones, estamos nosotros y nuestro crecimiento personal, está el furor sanandi, está el ego, está el dinero, está el miedo. Todo influye no sólo una cosa, y debemos aprender a mirarlo todo desde todos los puntos de vista.
    Enhorabuena por el blog, esperemos que salgan más como este para que la gente tenga oportunidad de leer otras cosas y sopesar todo.
    El cambio sigo diciendo será individual de uno en uno, no podemos pedir que nos venga dado.
    Salud

    • Estimado Kaban:

      El miedo es apasionante, como planteas…
      Yo no se qué lleva al médico y al paciente a tomar determinadas decisiones. Infiero las razones y emociones de mi madre, y las mías – que por afinidad, filiación, educación, y sobre todo y por encima de todo, amor – en este caso son bastante similares, tanto, que hablo como si yo también tuviera cáncer: “Ahora, las dos, no sabemos que tememos más” es un ejemplo pequeño. Digo cosas como “hoy tenemos quimio” “Mañana tenemos analítica” “Ayer fuimos al naturópata”
      Me siento parte de ella, de mi madre, bueno, de hecho, soy parte de ella. Soy quien soy gracias a ella, porque me dio lo más preciado que tengo, que es la vida, y porque de ella aprendo, desde que nací y hasta ahora, cosas esenciales (esas que son invisibles a los ojos, ya sabes…) y porque también me enseñó cosas muy importantes, como a andar, a comer, a vestirme… Podría justificar que digo esas frases porque voy con ella a la quimio, a la analítica, y a cada consulta o prueba médica, pero lo cierto es que hablo así, porque lo siento así. Hasta tal punto que a veces me ha molestado la zona del cuerpo donde a ella ha referido dolor, antes de que ella lo mencionara… ¿Simbiosis, quizá?…
      Es ella quien tiene cáncer, yo no, es verdad (aunque en el momento del diagnóstico sentí un deseo enorme e irracional de que me sucediera a mi, y no ella). Por eso es ella quien toma cada decisión y yo la apoyo, decida lo que decida, y la acompaño en cada paso de este camino y esta revolución en el que aprendemos juntas, reimos juntas, lloramos juntas… Le repito mucho la frase de “tú eres la jefa, tú decides” que por alguna razón le hace mucha gracia. Y también se lo decía mientras pensaba “¿Y si no se da quimio?” Porque aun con mi miedo, pánico o terror, a que se la diera o no se la diera hay algo que prevalece: El amor que mencionaba antes, y la confianza en ella. Es su cuerpo, ella sabe mejor que nadie que necesita para cada momento.

      Es verdad que “Tiene que darse la quimio” es una frase sentenciosa que escuché mucho, y tenía mucho peso por proceder de personas muy importantes en nuestras vidas. No se que pasará la próxima semana, puede que decida no darse más…

      Cuando hablaba de elucubraciones, me refería a elucubrar sobre lo que haría yo, o ella, en una situación futura – desconocida o no vivenciada. Me refería a que es muy fácil posicionarse en la hipótesis anticipatorias y en el condicional: “Si mañana tuviera vacaciones me iría a la playa” Y entonces mañana se convierte en hoy, me dan vacaciones y decido irme a la montaña. Me refería a eso pero con un revés bien jodido, que es lo que nos ha pasado con el cáncer… Vamos, que para más inri si tú ahora me preguntas que haría yo si me pasara a mi y no a ella podría seguir sosteniendo “Yo no me daría quimio” pero me he dado cuenta que soy más real y más honesta si te digo “No lo se, sólo lo sabré en el “aquí y en el ahora” de ese momento si llega” porque lo que te pueda decir ahora es eso, solo una elucubración en mi mente.

      Te agradezco mucho la información sobre la no denegación del seguimiento y lo del tema de los TACS.
      Lo de la quimio da para hablar largo y tendido ¿eh? Esta tarde estaba la clínica vacía y dice mi madre a la enfermera “No tenéis pacientes, eso es buenísimo: ¡se han curado todos!” Mi madre tiene un fantástico sentido del humor que no se si llegará al otro lado de la pantalla, pero yo me partía de risa, y la risa se me ha atragantado cuando la respuesta de la enfermera ha sido “Buenísimo para los pacientes, malo para el negocio” Se ha hecho un silencio abrupto y ha añadido “Bueno… pero… quiero decir… que no se han curado… ¡que cada vez hay más cáncer!”

      ¡Seguimos hablando de estas y otras cosas, Kaban7! Gracias de nuevo. Un abrazo.

      P.D: Por pura curiosidad, que curiosa soy un rato… ¿Por qué te he parecido “una persona muy racional”?

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