De diagnósticos y pronósticos.

Estándar

Cuando nos dijeron que había que efectuar una biopsia para saber la procedencia del cáncer yo pregunté, “¿Pero si el del pulmón es el más grande, será cáncer de pulmón, ¿no?” La médico trató de explicármelo despacio: “El cáncer son células que proliferan de manera anómala, vagan por la sangre y se instalan en un órgano, anidan ahí y crece el tumor. Esas células pueden estar poco diferenciadas o muy diferenciadas. Si están muy diferenciadas podemos saber cuál era la función y por tanto origen de estas células, pero a veces no están diferenciadas, no han llegado a hacer ese proceso, el de diferenciación, y entonces tenemos que decidir cómo tratarlo, pero yo no soy oncóloga, mi labor como médico internista es diagnosticar, seguro que el oncólogo te lo explicará mejor”

Yo me imaginaba a esas células en el cuerpo de mi madre como bárbaros en tropel, gritando con hachas en mano, con barbas muy largas y las caras pintadas, mirando de un sitio a otro buscando un lugar que conquistar y donde quedarse, reproducirse y crecer.

El oncólogo seguro que sabe mucho de oncología, pero que sepamos mucho de algo no nos capacita para transmitir esos conocimientos. Él aguanta estoicamente mis preguntas semanales con la rojez en su cara. Hace poco me dijo: “Estás intentando comprender algo que no vas a poder comprender. Es como si yo, que soy oncólogo intentara comprender el funcionamiento de un avión. Aunque quisiera, nunca podría, porque no soy  ingeniero aeronáutico: Soy oncólogo”

Recordé esa frase en el libro de Murakami que había leído el verano anterior: “Si no eres capaz de entenderlo sin una explicación, no lograrás entenderlo con una explicación”

Será que tengo un enorme espíritu curioso, o que soy cabezota, o meticulosa, como dice mi madre, quizá es que ella me educó en que si me esfuerzo y pongo voluntad en las cosas puedo llegar a entenderlas.

Me he afanado en buscar la respuesta a por qué se produce el cáncer. “No lo sabemos ni nosotros. El cáncer es una enfermedad de causa desconocida” Me dijo también el oncólogo, y su boca parecía hacer mayúsculas en las palabras “causa” y “desconocida”.

Teorías al respecto hay, y me extenderé en algunas de ellas en otras entradas a este blog: El medio ambiente, los factores genéticos, la alimentación, las emociones… Aún con todo, lo cierto es el cáncer no parece hacer muchas diferencias entre sectores poblacionales.

“Mamá, ¿En la monarquía hay cáncer?” –  Si, para llegar al origen, a veces me hago preguntas de niña de 6 años, como mi tía Gloria, que con esa edad le preguntó a mi madre “Oye Gema, ¿las monjas mean?” Entiéndeme: en esos días trataba de escudriñar si existía algún sector de la población intacto, que no hubiera sufrido este diagnóstico, o que no hubiera fallecido por su causa. Y si la enfermedad de gota se extendió en la monarquía por sus hábitos alimentarios, quizá estuvieran libres de cáncer por otras razones. Encontré en google que Alberto II de Bélgica tuvo cáncer de piel… No he podido descartar a reyes, ni políticos, ni médicos, ni sabios (Krishnamurti, por ejemplo, falleció a causa de un cáncer de páncreas)

Si he encontrado que hay poblaciones en que la incidencia parece ser menor, pero los datos están jugados de manera estadística. Y los números y yo no nos llevamos bien, y tampoco nos van a ayudar a comprender nada. Recurrí al INE (Instituto Nacional de Estadística) y sorpresivamente los datos hablan de enfermedad y mortalidad. ¡Yo quiero los de salud y supervivencia, oiga! ¿Será que no los encuentro porque no los he buscado bien?  ¿Dónde están esos datos? ¿No existen?

Extenuada decidí centrarme en casos concretos, las personas siempre se me han dado infinitamente mejor que los números. En base a números, precisamente, los médicos emiten predicciones terroríficas. Me imagino a algunos de ellos con una bola de cristal bajo su mesa sentenciando, cual adivinos o dioses: “Le queda a usted un mes de vida, vaya despidiéndose de los que quiere” Esa anticipación, es el pronóstico, y la bola de cristal es la estadística.

Afortunadamente he encontrado a personas que no cumplen esa predicción. Les dedicaré, con todo mi amor y poco a poco, entradas a este blog. Son personas de carne y hueso. Con algunas de ellas he hablado, otros casos los he escuchado, y otros los he leído, como el de Lisa.

A Lisa Russel los médicos le dijeron que le quedaba poco más de un año de vida. Lisa decidió dedicar todo el tiempo y el dinero que tenía a pasar las mejores vacaciones con las personas a las que más quería: su pareja Anthony, y sus dos hijas, Chloe y Georgia, que entonces tenían 13 y 8 años.

Lisa, que se crió sin su madre, decía en una entrevista: “Yo no quería que la historia se repitiera por lo que me juré crearles tantos recuerdos maravillosos como fuera posible.” Así, viajo junto a ellas y Anthony, con quien se casó tras la noticia, a Lanzarote, Bulgaria y Turquía.  “Era imposible olvidar el cáncer, pero era fantástico ver a las niñas jugar en el mar y  en la playa.” Escribió cartas de despedida a sus seres queridos para que fueran leídas tras su fallecimiento, planeó su funeral, y en definitiva se enfrentó cara a cara con la muerte.

Tras el regreso de su viaje a Turquía ya había vivido más de lo pronosticado. Fue entonces cuando tras realizarle las pruebas pertinentes, los médicos del Hospital Christi de Oldham, descubrieron que su cáncer había remitido. Han pasado 3 años desde entonces. Lisa sigue viva y su cáncer en remisión.

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