Convertir la mierda en abono.

Estándar

Recuerdo a mi madre de pie en la habitación de hospital tratando de ir al baño.

-“Mira, tengo un dolor aquí” – me decía agarrándose un costado – “que me dan ganas de salir corriendo como en las películas del Oeste cuando les pegan un tiro y se van arrastrando con las manos puestas en un lado”

Yo me imaginaba a las dos saliendo por la puerta del hospital huyendo del diagnóstico en postura de película. Salir corriendo y dejar un cáncer atrás, así como a un médico atónito con informe en mano, en lugar de un revólver.

Paseaba al baño sin éxito: “Hija, nada, que no cago” Y así durante más de una semana en la que las enfermeras le administraban un sin fin de medicamentos de esos que ayudan, supuestamente “a evacuar” Pero ni supositorios, ni pastillas, ni jarabes, ni frutas con fibra, ni nada de nadaEl día del diagnóstico definitivo, en esa habitación, en cuanto la médico salió por la puerta, nos abrazamos las dos y lloramos durante muy pocos minutos. Fueron pocos porque mi madre se separó de mis brazos y me dijo muy seria: “Me cago” y fue corriendo al baño. “Mamá: te cagas de miedo, literalmente” Y ese momento fue una fiesta de risas nerviosas, lágrimas, y mierda.

Ella se cagaba, literalmente, de miedo y yo farfullaba esas frases tan propias del argot español: “Me cago en la puta” “Me cago en la hostia” “Me cago en todo” Y las dos pensábamos: “Menuda mierda: cáncer”

Es una mierda, si. Y ya sabes, que la mierda se puede convertir en abono que fertilice y promueva la vida, aunque no deje de ser mierda. Si el estiércol puede mejorar la calidad del sustrato, quizá esta noticia pueda mejorar la calidad de nuestro tiempo y puede que de nuestra vida, sea cuanta sea la que nos quede.

Esto tiene que ver con la  resiliencia. ¿Y eso qué mierda es? De entre unas cuantas definiciones me gusta particularmente esta:

La resiliencia es la capacidad que posee un individuo frente a las adversidades, para mantenerse en pie de lucha, con dosis de perseverancia, tenacidad, actitud positiva y acciones, que permiten avanzar en contra de la corriente y superarlas.  (E. Chávez y E. Yturralde, 2006)

Y esta:

Capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas. (Grotberg, 1995)

Puedes leer más en esta otra entrada de wikipedia. En internet puedes encontrar artículos y también existe una extensa bibliografía al respecto.

Tú, mi madre, yo, gozamos de esa capacidad en mayor o menor medida. Está dentro de nosotras y está dentro de tí. Piensa en cada momento de adversidad en tu vida y cómo lo has superado.

En mi trabajo me maravillo cada día ante personas y su capacidad de superación. A veces, en mis sesiones, utilizo un ejercicio sencillo que todos podemos hacer cuando nos apetezca: Consiste en escribir una lista de logros que has llevado a cabo en tu vida. Yo animo a escribir logros grandes y pequeños y cuánto más concretos mejor. Desde el logro de aprender a cocinar unas lentejas o un paso de baile, a resolver un conflicto o superar un bache específico. Animo a dejar esa lista a mano de manera indefinida e ir añadinedo cosas siempre que queramos, y también a leerla de vez en cuando. Poner la mirada en nuestros logros puede ser un modo de poner atención a nuestra capacidad de resiliencia.

Hace cuatro meses, en el salón de mi casa mi madre y yo hablábamos de la aletoriedad de la enfermedad y el dolor, “Hay familias a las que parece que nunca les pasa nada malo y nosotros menuda racha llevamos -el cáncer y fallecimiento de mis dos tías, la muerte súbita de mi padre, la de mi yaya, la de mi abuelo, el alzheimer de mi yayo y de mi abuela..-” Y así, seguimos enumerando una lista de penas durante un rato.

Mi amigo Dani me decía por teléfono “Con la racha que llevas, ahora solo pueden venirte cosas buenas”

Quisiéramos que existiera un equilibrio entre los fortunios e infortunios, o al menos compensaciones o recompensas que estabilizaran un poco la balanza. Puede que este modo de pensar tenga que ver con la sociedad judeo-cristiana en la que nos hemos educado, y también, que lo hayamos hecho a base de castigos y recompensas. Pero lo cierto es que en esta lotería, que me toque pasarlo mal hoy, no significa que me vaya a caer un premio del cielo mañana. Al menos yo no lo creo.

Lo que si creo es que cada calamidad pasada me ha aportado un tesoro de herramientas. Soy quien soy gracias a cada evento hermoso de mi vida, y también a cada uno fatídico. Quizá sin todos ellos hoy sería más difícil convertir la mierda en abono para nuestra vida.

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